Wooo!! Por fin :D Oh dios se siente tan bien... hahaha bueno... Taal vez no le entiendan asi al 100... si hay algo que de plano se quedan de qué demonios fue eso?! O.o... ponganlo en los comentarios y trataré de corregirlo xD no se si lo haya dicho ya pero lo k publico aki es un primer borrador... así que admite correcciones de todo tipo :D
Ojala les guste... y sí... Lex es el k habla xD
Vértigo
Lex
El tiempo pasa diferente para nosotros. Realmente extraño poder sacar el celular del bolsillo y saber cuánto falta para la escuela, o para dormir… o para verla otra vez. Extraño no sólo saber cuánto falta, sino que extraño todas esas cosas y muchas más; desde comer un helado hasta los maratones con Megan. Hubiera visto todos los maratones sin parar, así fueran del dinosaurio morado que asusta a los niños, con tal de tener todo lo demás de vuelta. En fin. Rebecca siempre dijo que sería así. Yo mismo siempre me dije que sería así y ahora sé que no estaba muy lejos.
Estaba parado en una esquina de alguna calle de alguna ciudad perdida de Sudamérica. La sensación similar al vértigo que llegaba cada que algo estaba a punto de pasar hacía que mi estómago se revolviera amenazadoramente, pero no estaba seguro de si era porque aún no me acostumbraba a ella o por el recuerdo de todo lo que ya había visto en el tiempo que llevaba haciendo esto.
La sensación comenzó a aumentar peligrosamente, y cerré los ojos para reprimirla lo más que pudiera. Sólo los abrí para buscar caras conocidas entre las siluetas de extraños que se movían hacia adelante o atrás a velocidades anormalmente rápidas o lentas, o incluso, y muy de vez en cuando, absurdamente normales para entrar dentro de mi nuevo concepto de “normal”. En la esquina opuesta a mí había dos personas que permanecían casi inmóviles. Una de ellas, una mujer morena de cabello negro y rizado, y facciones tan finas que parecía Barbie, me sonrió cuando notó que la miraba, y yo utilicé toda mi fuerza de voluntad para sacar una sonrisa a pesar de la sensación que seguía empeorando. La mujer traía el vestido de gasa blanco que la distinguía, y que en combinación con su aire risueño y decidido, la hacían inconfundible. Se trataba de Eva, una de los otros. Ella iba casi siempre, así que ya me era más que familiar.
Junto a ella había una chica pelirroja de apariencia más “humana” y casual que el vestido de Eva de “me voy a correr por la praderas” o mi traje de “se me perdió el funeral”. Estaba recargada contra la pared y miraba al cielo con una impaciencia que yo definitivamente no compartía. Eran dos de ellas, al menos cerca de mí, entonces no podía ser tan malo.
Eva miró hacia un lado y la velocidad de todo se estabilizó. Un auto salió aparentemente a una velocidad decente de una curva, aunque en realidad, si se veían los movimientos del conductor, se podía ver que el coche iba mucho más rápido de lo que aparentaba para nosotros. El conductor perdió el control del vehículo, lo pude ver en su rostro de pánico y en los de unas cuantas personas que caminaban por la acera. La gente gritó y corrió para alejarse del vehículo, aunque lo más probablemente era que hayan corrido hacia donde el instinto los condujo. El conductor trató de recuperar el control sin lograrlo, y conforme el vehículo se acercaba hasta donde yo estaba, la sensación en mi estómago se hacía aún peor. Cerré los ojos y escuché el sonido de cristal roto y metal contra el concreto. Efectivamente, cuando los abrí descubrí que el auto había chocado contra un poste bastante cerca de donde Eva y la otra chica estaban. Eva, con una sonrisa, miró cómo el conductor salía ileso y miraba su auto mientras lo rodeaba y se agarraba la cabeza al verlo casi del todo destrozado. No lo culpaba, yo hubiera hecho lo mismo si fuera mi coche el que estuviera echando humo y con el poste incrustado hasta la mitad. Para entonces el vértigo en mi estómago se había marchado por completo y al parecer no tenía nada más que hacer ahí en ese momento. Vi cómo Eva se marchaba delante de la chica pelirroja y la manera en que su vestido se levantaba al caminar me hizo bajar la cabeza e hizo que mi estómago volviera a protestar, esta vez por nostalgia.
¿Por qué las cosas tenían que ser así? Quería volver a verla con ese vestido rojo, aunque sea un instante; es más, aunque no fuera el vestido y fuera la bata de hospital, estaría perfecto, con tal de que ella pudiera verme y yo no tuviera que fingir. Podía vivir con la gente que me ignoraba al pasar, podía vivir sin pan integral y sin mis amigos, pero a ella realmente la extrañaba, además, ella me recordaba y no podía hacer nada al respecto. Ni regresar ni borrarme de su memoria.
-Eli- murmuré para mi mismo consciente de que ella no iba a poder escucharme mientras yo estuviera en Sudamérica. Decir el nombre se sentía demasiado extraño, era una combinación entre un rastro del calor que sentía cuando se lo decía a ella y esa sensación un tanto incómoda de no sé qué que no se había ido desde ese día en el hospital que ya me parecía en exceso lejano; y tal vez lo era, la verdad no podía decir con exactitud. Pero al tiempo que detestaba esa sensación, el mundo recobraba algo de sentido al decir su nombre.
-¿Qué era?- preguntó Maurice, el tipo que impone la ridiculez de “uniforme” y además lo complementa en él con su cabello color zanahoria. Nunca me había hecho nada directamente, ni malo ni bueno, pero el hecho de que verlo a él fue el primer indicio de que mi vida iba a tomar este rumbo, y que haya aparecido en un día especial que pretendía recordar por siempre de una manera un tanto diferente, hizo que algo en mí creara una especie de odio hacia él y su manera de ser fría. Y para variar, a él había que reportarle casi todo.
-Un choque. Contesté a secas. Hizo un ademán con la mano para exigir más información. – No hubo heridos ni muertos.
Sonrió esa sonrisa que realmente detestaba, y que tenía un dejo de ironía que no lograba tragar.
-Qué triste, tanto que me gusta la sangre.- dijo sin dejar de sonreír. Medio hice una mueca parecida a una sonrisa y asentí con la cabeza. –No hay nada más Alexander- dijo, y desapareció.
Estaba sin nada que hacer por quién sabe cuánto tiempo, parado en medio de otra calle en algún lugar del planeta, abarrotada de siluetas que se movían a su propia velocidad y dirección como si yo no estuviera ahí. Podía estar en cualquier lugar del planeta si así lo quisiera, (y no estaba exagerando) y aún así el único lugar en el que en verdad quería estar estaba más que fuera de mi alcance; y por más de una razón, más que por las reglas y el hecho de que tenía otras cosas que hacer como para quedarme mucho tiempo en el lugar al que tanto quería regresar, ella podía verme, podía hablarme y podía recordarme tanto como yo a ella. Yo no era tan cruel como para plantarme en su recámara, hablar un rato, y luego volver a dejarla. Además, ella estaba comenzando a tener una vida normal, la había visto salir con sus amigos; nuestros amigos, y pasar tiempo con sus papás a pesar de que era la única en el planeta que sabía de mi existencia. Quitarle eso y hacer que volviera a recordarme era demasiado cruel, y tal vez en contra de mi voluntad, pero aún la amaba demasiado como para hacerle eso sólo por un capricho.
A pesar de los pensamientos anti impulsos egoístas, cuando regresé después de mis divagues varios al mundo “mortal”(no tienen idea de lo irónica que me era esa expresión), me di cuenta de que había sido gravemente traicionado por mi subconsciente y mis deseos reprimidos, y que estaba parado frente a la casa de Eli, justo donde estacionaba mi coche cuando pasaba por ella.
Estuve a punto de irme de ahí, pero la cercanía y la luz encendida en esa ventana del centro de la casa, la única que no era un rectángulo, me detuvo. Siempre me gustó esa ventana, y más aún el hecho de que fuera la que estaba en el cuarto de Eli. Ver su casa por fuera era como verla a ella entre la gente. Entre los rectángulos sin chiste alguno resaltaba la ventana colorida y artística que le daba un toque especial a toda la fachada.
Sonreí y me resigné a que esperaría a que Eli apagara su luz para entrar a su habitación y dar solo un pequeño vistazo, sin establecer contacto alguno, más que nada porque no llevaba nada que pudiera dejarle.
Eli pasó varias veces frente a su ventana, aumentando mi ansiedad por poder entrar, y un tiempo después, la luz que salía de la ventana desapareció. No había pasado una sola persona en la calle en el tiempo que estuve parado fuera de su casa ni muchos coches, aunque los que pasaron lo hicieron a una velocidad demasiado normal que al principio me alteró. Después de todo estaba acostumbrado a que cuando la velocidad y la dirección de las cosas tenían sentido, era porque algo iba a suceder. Aún así el vértigo en mi estómago no me había molestado, así que simplemente tomé todo como una coincidencia.
Esperé un tiempo más antes de que me decidiera a entrar, y cuando lo hice, cerré los ojos. Al abrirlos estaba frente a la cama de Eli. Ella estaba acostada de lado, recargada sobre la almohada como lo hacía en mi pecho cuando estábamos tirados en el piso viendo la televisión o haciendo lo que fuera. Me acerqué sin hacer ruido y vi que estaba profundamente dormida, con la boca medio abierta y la mejilla aplastada por la almohada. Cielos, se veía hermosa! Casi no resistí el impulso de acercarme y besarla, pero ya había dicho que no soy tan cruel. Me alejé de ella y fue entonces cuando por casualidad vi que sobre su tocador, justo en el lugar en el que había dejado las veladoras que Eli no había quitado de ahí, había un post-it de color verde chillante.
Me acerqué más que nada por curiosidad de ver qué era, sin esperar que lo que dijera estuviera, evidentemente, dirigido a mí.
No sé dónde estás pero te siento cerca... Yo te amo igual que siempre y sé que tu también... Por favor regresa.
-No puedo- pensé al terminar de leer la nota con algo de dificultad por la falta de luz.
Me amaba. Eli me amaba, y aún pensaba en mí. Me había sentido cerca cuando regresaba a este lugar en mi tiempo libre, para sólo mirarla sin saber el propósito. Ni siquiera estaba seguro de que mirarla tuviera un fin más allá del masoquismo, pero ella lo había notado. Eli me amaba todavía, a pesar de que yo creía que estaba olvidándome y “re-encontrando” a sus amigos. Y sabía que yo sentía lo mismo por ella, y que el sentimiento no había cambiado ni un poco desde la última vez que estuvimos propiamente juntos.
No me di cuenta de en qué momento de mis reflexiones fue, pero el post-it terminó hecho bolita dentro de mi puño. Eli me amaba. Y estaba sufriendo, y todo era por mi culpa y por confiar en que las cosas podían salir demasiado bien. No podía regresar con ella, eso era un hecho, y también lo era que ella no debía saber el porqué, y que yo no debía estar en ese lugar sabiendo que en cualquier momento se podía hacer de día y ella despertaría para encontrarme ahí, y que muy seguramente podría verme y hablar conmigo.
Al parecer las cosas no podrían cambiar mucho en ese momento. La única esperanza para los dos era olvidar con el tiempo, y en el caso de ella, existían amigos con quienes pasar el tiempo, de mi lado sólo había problemas e infortunios de la gente para “entretenerme”.
La sensación en el estómago regresó haciendo que arrugara el post-it aún más y recordándome que tenía que irme y hacer mi trabajo. Solté la nota aún hecha bolita, sin tiempo para desarrugarla o ponerla de vuelta en el tocador, pues el aumento repentino del vértigo apresuró mi salida; cerré los ojos y aparecí en algún lugar lleno de neblina. Esperaba que no fuera algo tan malo; esta vez no estaba seguro de que mi estómago estuviera en condiciones de aguantarlo.
Listo! :D
Sigue leyendo y comenta!!! De verdad es lindo que den señales de vida xD

3 comentarios:
hahaha insisto en qe no le entiendo muy bn ^^' ojala qede mas claro para el prox cap! ;P
tu tampoco das muchas señales de vida eh! ¬¬ haha
nos estamos hablando ;D
Hahaha calla hija mia!! yo publico mis cositas aki y monologo en twitter xD No me desconecté del mundo
BTW... faltaaan... cmo 3 capitulos pra entenderle xD Se te extrañaa!!
Oh Dios Mio!!!!! Que sigue!!!! Hahahah no aguanto! Quiero saber que pasa! (:
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