Lee desde la primera entrada aunque te de flojera xD ...Digo... es una sugerencia (:


domingo, 20 de junio de 2010

Capítulo 9

Whoa! hace increiblemente poco publicar esto se veía taaan lejisimoos!! Pero se siente bien xD las cosas están tomando forma y me emociona! :D haha en este capítulo el final se salió de control... juro que no estaba planeado así pero al parecer salió bien xD Ojalá les guste!! Eli habla de nuevo ;D



Colapsos y Pastelitos
Eli


¿Qué sueñan los bebés? De todas las cosas que me podían haber pasado por la cabeza al despertar esa mañana, eso fue en lo que me puse a filosofar. Pero, hablando en serio, ¿Qué sueñan? Por lo general sueñas con cosas que existen o experiencias que has tenido, por muy distorsionadas que puedan aparecer en el sueño. ¿Qué pueden soñar los bebés si lo único extremo que han hecho en su vida es nacer, comer, dormir, llorar y ensuciarse? Ellos evidentemente no podían soñar lo mismo que una adolescente con un novio desaparecido. Qué envidia.



Después de odiar un poco a mis sueños de flash-back, me levanté de la cama, y sin lograr quitarme completamente la sensación de los brazos de Lex alrededor de mí, me dirigí al tocador con el punto de ver qué tan mal había amanecido mi cabello esa mañana, convenciéndome de que sólo lo hacía por curiosidad y de que los post-its no tenían nada que ver.



Me senté frente al espejo. El contorno de mis ojos se veía más oscuro que de costumbre y la colita de caballo que siempre me hacía para dormir estaba bastante mal hecha y en un lugar demasiado alto, de modo que una serie de bultos extraños se habían formado sobre mi cabeza de apariencia deforme. Me quité la liga del cabello con una maniobra un tanto dolorosa y de un alto grado de dificultad, gracias a la fijación de mi cabello con girarse alrededor de la liga y rehusarse a soltarla después.



Respiré exagerando el movimiento y decidí que no tenía sentido seguir ignorando el hecho de que el post-it verde con a nota de la noche anterior no estaba donde lo había puesto. Con las manos arriba, aun tratando de quitarme la liga del cabello, comencé a buscarlo por los alrededores con los ojos, y cuando miré hacia el piso, noté una bolita del color de mi post-it que estaba junto a mí.



Levanté el post-it arrugado y lo desdoblé con cuidado para comprobar que se trataba de mi nota de la noche anterior. Piensen que exagero las cosas si quieren, incluso yo reconozco que puede ser así; pero ver esa nota leída, arrugada y en el piso no me causó una sensación del todo agradable. Está bien, de hecho “no agradable” se queda bastante corto para el colapso que sentía venir junto con el vacío en el estómago, el extraño dolor en el pecho y el nudo en la garganta que amenazaba con abrirse paso hacia mis ojos. Sabemos lo que pasa cuando el nudo de la garganta se mueve de su lugar, y llorar no era lo que necesitaba ni lo que quería en ese momento. Me mordí los labios para tratar de reprimir mis emociones, y decidí que tomaría un baño mientras superaba el estado de mi post-it. Todos sabemos que es más fácil pensar si se está lejos de lo que causa el problema, y de Lex no podía alejarme más, así que me encerré media hora en mi baño; lo más lejos que se me ocurrió de lo que quedaba de mi nota.



¿Por qué me estaba afectando tanto un simple pedazo de papel arrugado? Ni siquiera estaba segura de que hubiera sido Lex quien lo había arrugado. Tal vez había sido mi mamá cuando llegó de su fiesta/reunión, o yo misma durante la noche y no lo recordaba. No sabía. Pero, qué si en verdad había sido Lex? Simplemente no era justo. Hasta la noche anterior yo había cumplido con la petición de tratar de olvidar, y él no había sido de mucha ayuda. Yo estaba dispuesta a guardar y atesorar las velas y todo lo que tuviera que ver con él, y al mismo tiempo tratar de que ese tipo de cositas me afectara lo menos posible; incluso salía con mis amigos para evitar tenerlo en la mente y hacerle caso, y aún tratando de olvidar no había despreciado sus velas, apariciones misteriosas y recordatorios varios de que seguía siendo real pero no podía tenerlo cerca. No era justo que él pudiera de vez en cuando recordarme su existencia, y que al primer desliz por mi parte él me hubiera, de alguna manera (y exagerando un poco), dado la espalda. Y no sólo eso, pudo haber dejado la nota en su lugar y jamás me hubiera enterado de que la había leído, pero decidió arrugarla hasta que no se pudo más y dejarla en el piso. No era justo. Podía pedirme que lo olvidara, y yo lo intentaría sólo porque lo pedía él; porque aún confiaba en que si no hubiera tenido una buena razón para desaparecer, aunque no la compartiera conmigo, no lo hubiera hecho, y menos bajo esas condiciones; pero simplemente Lex no podía esperar que tan fácil como él se fue, también lo hiciera el hecho de que la mayoría de los mejores momentos de mi vida hasta ese día habían sido a su lado. Simplemente no era justo que sólo él pudiera complicarme la existencia y no atenerse a lo que él mismo pidió; que cada vez que me sentaba frente al tocador, sus velas me recordaran a la noche más increíble de la historia, pero que él pretendiera que lo estuviera propiamente olvidando y que no diera indicios de debilidad. Si él era débil no tenía porqué arrugar mis propias muestras de debilidad. Me había costado mucho escribir esa nota.



Podía sentir el agua corriendo por mi piel; pero he de confesar que llegó un momento en el que no fui capaz de distinguir entre el agua de la regadera y mis propias lágrimas, que no había logrado contener por más de dos ideas, y que resbalaban por mi rostro. No era justo. Terminé de bañarme y me vestí sin dejar de pensar en cosas que hacían que cada vez me sintiera peor, y decidí que arreglarme sería imposible si seguía llorando, así que me resigné a que ese sería día de cara de zombie fusionado con sapo.



Quería salir. Si no lograba parar el colapso antes de que fuera demasiado tarde, algo no muy bueno iba a salir de eso, y esta vez sí echaría a la basura lo poco que había logrado en tres semanas junto con lo que podría lograr después.



Salí de mi habitación y bajé las escaleras. Mis papás seguían reponiendo el sueño perdido de la noche anterior, así que no me tuve que preocupar porque me vieran en medio del colapso. Salí a la cochera y arranqué mi Beatle sin siquiera saber a dónde iba; ya se me ocurriría algo, y la verdad es que en ese momento solamente quería un lugar que no me trajera recuerdos, sin importar cuál fuera. Conecté mi ipod y puse la música un volumen bastante alto, y simplemente comencé a dar vueltas en el coche sin realmente alejarme mucho de mi casa.



Así pasé un buen rato; recorría toda calle que se me ponía enfrente y cantaba a todo volumen todas las canciones que salían en el aleatorio (con las ventanas cerradas obviamente). Unos veinte minutos después logré calmarme, al menos hasta el grado de recordar que la última vez que había tenido una comida decente había sido el día anterior antes de ir a la casa de Aiden, y que para esa hora me estaba muriendo de hambre. Miré a mi alrededor para averiguar en dónde había terminado, y noté que no estaba muy lejos de un pequeño parque al que iba seguido con Abby a perder el tiempo. Ella vivía cerca de ahí, pero en fin de semana dormía al menos hasta las dos de la tarde, así que no tenía que preocuparme por encontrarla. Giré a la izquierda y avancé unas cuantas calles hasta llegar al dichoso parque. Para ese momento estaba empezando a sentir cómo mi estómago se digería a sí mismo. Lo primero que haría después de estacionar mi coche sería buscar un minisúper y comprar alguna porquería que entretuviera mi hambre; decidido.



Dicho y hecho; me estacioné frente al seven-eleven que estaba en una orilla del parque, tomé un pastelito de chocolate y un tetrapak pequeño de leche sola, y se los pagué a una mujer con una expresión que gritaba por ella que no le gustaba su trabajo, y que no tenía muchas cosas mejores que hacer. Me compadecí un poco de ella, pero aún así no me detuve a darle una plática de superación personal por tres principales razones: 1) A pesar de que el gafete que usaba decía que se llamaba Amy, no tenía ni la menor idea de quién era. 2) Yo necesitaba un alza de autoestima más que esa mujer. Y 3) Me estaba muriendo de hambre. Así que me limité a darle las gracias y sonreírle un poco sin esperar que me regresara la sonrisa. Salí del minisúper; el sol me cegó un poco, pero no dejé de caminar hacia el parque mientras abría mi pastelito. Me senté en la primera banca que encontré sin tener que preocuparme por encontrar una vacía, pues a esa hora había sólo unas cuantas personas en el parque, y sólo unas tres no iban de paso.



Casi frente a mi había un puesto de periódicos, y una mujer con cabello rizado y apariencia de modelo estaba recargada contra la lámina que formaba uno de los lados del puesto, mirando a nada en específico, con una ligera sonrisa en la cara. Su vestido blanco acabaría hecho un desastre si seguía siendo así de descuidada con los lugares en los que se recargaba, pero no había nada que yo pudiera hacer al respecto. Frente a ella pasó un hombre que miraba el periódico que llevaba en la mano como si hubieran anunciado el apocalipsis en la primera plana. La mujer desvió la mirada hacia él y le sonrió. Él pareció no notarla, en realidad nadie más que yo parecía notar a la mujer a pesar de su apariencia de miss universo y su sonrisa Colgate. El hombre abrió la boca, sacó un billete de lotería de la bolsa de su pantalón, y pasó los ojos del billete a su periódico una y otra vez, conforme su boca se iba abriendo en una letra o cada vez más grande. Enrolló el periódico y caminó a toda prisa hasta que no pude verlo más. Regresé la vista hacia la mujer sin saber para qué y noté que ya no estaba junto al puesto de periódicos sino que había comenzado a caminar hacia una pequeña calle. Dejé de mirar a otras personas y me concentré en mí y en mi desayuno.



El sol que pasaba entre las hojas de los árboles me daba en las piernas y dibujaba patrones extraños sobre mis jeans, y después de unos cinco minutos empecé a sentir calor sobre mis brazos en donde en sol los tocaba. Me pasé la mano varias veces sobre el lugar donde el sol había comenzado a lastimarme y comencé a devorar mi pastelito casi inconscientemente, sin dejar de mirar la luz proyectada sobre mis muslos. Mis ojos se comenzaron a llenar de lágrimas de nuevo. Si no estuviera sola y estuviera sentada sobre el pasto, todo sería demasiado similar a los fines de semana con Lex. No podía reprimir el recuerdo. No podía, y muy a mi pesar, tampoco quería. Llámenme cursi, pero el recuerdo de nosotros en el jardín de su casa de fin de semana bajo nuestro árbol favorito, Lex recargado sobre mis piernas y la luz del sol proyectada sobre él, era demasiado bueno para ser reprimido. Bueno, pero no feliz; no en ese momento en que se suponía que estaba tratando de olvidar y estar realmente enojada con él (como si fuera posible). Era un hecho que era lo suficientemente débil para no poder olvidar o al menos pretender que lo hacía, pero me di cuenta de que no quería dejar de serlo. Olvidar todos esos recuerdos que alguna vez me llenaron tanto era mucho pedir y verdaderamente no quería hacerlo; ya había vivido tres semanas intentando reprimirlos, pero evidentemente había terminado mal, y no quería seguir intentando. Ya no. Y no sabía qué hacer al respecto. Estaba sola. Tenía a mis amigos, pero si se trataba de hablar del pasado, no podía contar con ellos. Después de todo, aún no tenía la menor idea de qué se suponía que había pasado en los últimos ocho (casi nueve) meses de mi vida en la versión en la que Lex no figuraba. No podía hablar ni desahogarme con ellos; ni siquiera con Abby, y no tienen una idea de lo frustrante que me resultaba. Mi familia… misma historia. Estaban ahí, pero tampoco podían ser de mucha ayuda en algo que técnicamente jamás pasó. Y Lex… en ese momento más que nunca sabía que a pesar de que de vez en cuando él mismo me recordaba que existía, no podía contar con Lex. Tal vez no estaba tan loca y después de todo sí estaba cerca, pero después de ese colapso lo sentía más lejos que nunca, y aún así me sentía incapaz de dejar ir todo lo que aún sentía por él.



Cuando terminas una relación, por lo general, si no es que siempre, hay un cierre; algo que detona el final y te avisa que tienes que dar ese pedazo de tu vida por terminado y empezar a dejarlo atrás para buscar cosas nuevas. Aún con un cierre bien hecho, muchas veces resulta difícil dar el siguiente paso. Pero cuando de la nada todo se esfuma, y el final ni siquiera se veía cerca, además de que en vez de dejarlo atrás, necesitas aprender a dejarlo a un lado e ignorarlo, las cosas cambian y se dificultan mucho, y lo peor del asunto: todo duele más; bastante. ¿Qué paso? Los cuentos de hadas jamás terminan con la princesa desayunando pastelitos mientras llora y entra en crisis. Simplemente no cuadraba y no quería estar así.



Me terminé mi pastelito sin explicarme cómo rayos no me había ahogado en el intento de comer pan y llorar al mismo tiempo, aunque honestamente no me importaba mucho, de modo que abrí mi tetrapack de leche y también me lo embutí sin dejar de llorar en silencio. Me estaba levantando para buscar el cesto de basura más cercano cuando un par de manos me aplastaron la cintura y una voz hizo un sonido extraño detrás de mí. Brinqué y me di media vuelta en un solo movimiento para descubrir a Derek riéndose de mí.



-Ah. Hola.- Dije limpiándome con una mano las lágrimas de la cara, y con una voz nasal que no hubiera reconocido como mía si no hubiera salido de mi boca. Las posibilidades de que Derek no se diera cuenta de mi estado emocional eran bastante pocas, así que me resigné a que tendría que confiar demasiado en el hecho de que se conformaría con no saber la verdad.



-Bess?- La sonrisa se borró de su rostro al notar el estado de mi cara, que además, no tenía ni rastro de maquillaje. Sonreí a medias y levanté los hombros. -¿Qué te pasó?- dijo Derek como tratando de analizarme y encontrar una respuesta en mi cara.



-Nada, estoy bien- Dije sin pensarlo y con la misma voz extraña. Cielos, ya estaba acostumbrándome demasiado a esa respuesta; tanto, que casi estaba empezando a creérmela… casi. –Qué… Qué haces aquí a esta hora?- pregunté cambiando mi peso de pierna con inquietud.



-Vivo aquí.- Contestó Derek como en automático, pero sin ocultar en su voz que mi aspecto le preocupaba. –Bueno: no aquí, aquí. A una calle. Sí sabes- Claro. Sí sabía pero la casa de Derek estaba fuera de los límites para cualquiera. Sus padres eran algo inestables y volubles, y Derek evitaba que los viéramos en uno de sus malos momentos recurrentes. Jamás se me ocurrió pensar que podía encontrarlo ahí. Y menos en un momento así.



-Segura de que estás bien?- dijo después de una pausa. Me arrastró de regreso a la banca y se sentó junto a mí.



-No- quería decir –No estoy bien y necesito a alguien.- Y aún así sabía que no podía dejar que las palabras se terminaran de formar en mi boca. Sólo me miré fijamente el regazo mientras sentía la mirada de Derek sobre mí tratando de descifrarme.



-Bess, en serio me preocupas- Silencio. Seguía mirándome. –Sabes que puedes contar conmigo, cierto? Para lo que sea que esté pasando.



Ouch. Tocó un nervio. Una vez más las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos hasta desbordarse, y algo me apretó el pecho dolorosamente. Quería contar con él. Sabía que si no fuera algo tan delicado se lo contaría y él me escucharía, me daría un concejo y todo pasaría tarde o temprano. Pero la vez anterior que quise contar con alguien había terminado en el hospital con esquizofrenia, y prometí no volver a hacer un caos de mi vida. Me sentía demasiado cerca de no cumplir con mi promesa y no me agradaba en lo más mínimo.



Derek me miró como yo había visto a Amy, la chica que cobraba en el seven-eleven. Me sentí patética al pensar que tal vez desde el punto de vista de Derek mi vida aparentaba ser tan miserable como se veía la de ella, así que no pude levantar la mirada. Tal vez sí lo era.



Derek torció lo boca en algo pacido a una sonrisa y se acercó a mí para abrazarme. Yo le regresé al abrazo sin dudarlo; después de todo era mi amigo y de verdad lo necesitaba. Con lo que no contaba cuando puse mis brazos alrededor de su cuello y lo sentí aplastarme contra él, era con que el abrazo iba a detonar todo lo que no había llorado en quién sabe cuánto tiempo. Empecé a llorar como bebé y a sollozar sin poder controlarme. Hundí mi cara en su hombro para tratar de controlarme al menos un poco, pero los sollozos y sus sacudidas correspondientes eran bastante difíciles de ignorar. Derek empezó a pasar su mano sobre mi cabeza para reconfortarme, y simplemente me dejó seguir llorando hasta que logré controlarme lo suficiente.



-Estoy sola, Derek- murmuré para no tener que usar mi voz. No sé que me llevó a decir eso, pero fue lo más honesto que le pude haber dicho en ese momento. Así me sentía. A pesar de que él estaba ahí, no podía hacer mucho.



Derek suspiró, como decepcionándose de que estuviera haciendo tanto drama sólo por eso, obviamente sin saber que había asuntos emocionales más profundos atrás.



-No estás sola. Yo estoy aquí contigo. Estoy seguro de que si en este instante llamaras a Abby también vendría, y si te escucha así yo sé que no le importaría que la hicieras salir temprano. Kate te quiere, Evan, Sandra, Matt, tus papás, hasta Jack y Aiden te quieren a su manera. Si hay alguien que no está sola eres tú-. Con cada palabra que Derek decía me hacía sollozar aún más, y aunque estaba hablando como si me estuviera regañando, sabía que todo eso era cierto. Y me dolía porque ninguno de ellos podía estar conmigo y ayudarme como lo necesitaba.



-No entiendes- quería decir, pero mi voz estaba recluida en algún lugar debajo del bulto que sentía en mi garganta, y si lo decía Derek iba a pedir que le explicara. Negué con la cabeza junto al cuello de Derek sin soltarlo aún. Él seguía acariciándome el cabello y apretándome contra él.



-No llores. Yo te quiero.- dijo después de un silencio corto en tono de broma y como si sólo lo dijera al aire, pero yo sabía que era cierto. –En serio, Bess, no estás sola. Ya no hablo por los demás, pero al menos conmigo cuentas para lo que quieras; desde salidas improvisadas hasta problemas emocionales. Y ya deberías de saberlo- Asentí con la cabeza, sin dejar de llorar, pero sintiéndome más tranquila. -Además, ahorita sólo es un mal momento. Todos esos pasan, y yo voy a seguir para ti cuando te sientas mejor. Todo vamos a estar contigo hasta que te hartemos.- dijo, menos serio que antes. No sabía cómo lo había logrado, pero para ese momento había dejado casi completamente de llorar y sólo sentía algunas lágrimas correr por mi cara, ya sin sollozos.



Y qué si de verdad todo esto era sólo un trago amargo? Tenía dieciséis y no podía dejar que algo así me arruinara y me dejara sola por el resto de mis días. Tenía que encontrar la manera de dejar de sentirme mal, aunque en ese momento la solución no estuviera a la vista y estuviera dispuesta a dar todo por tener a Lex y a mi vida anterior de regreso. Después de todo no es lo mismo estar dispuesta a algo que tener la oportunidad de darlo para obtener lo que se desea. Y tal vez yo no la tendría nunca. Extrañaba y amaba con el alma a Lex (aunque suene exageradamente cursi), pero tal vez era hora de darme cuenta que tendría que aprender a vivir con eso.



Respiré profundo.



-Gracias, Derek- dije, con una voz extraña pero tranquila, y sin dejar de llorar completamente aún. Me separé del abrazo lo suficiente para poder verle la cara desde una distancia decente, y le sonreí a mi mejor amigo sin quitar mis manos de sus hombros. No sabía si lograría sentirme mejor en un futuro cercano, pero si lo iba a intentar era gracias a él.



Derek negó con la cabeza para rechazar mi agradecimiento, aunque darle un rastro de orden a lo que parecía estar de cabeza ameritaba más que eso, y me sonrió de vuelta.



-Para eso son los amigos- dijo, y me sacudió el cabello. Me reí y puse los ojos en blanco, al parecer nunca iba a dejar mi cabello en paz.



Terminó de hacer un desastre en mi cabeza que seguramente parecía un nido, y bajó su mano hasta mi cuello sin dejar de sonreír. Nos quedamos así un momento, y su expresión de pronto se volvió un poco más seria. Comenzó a acercarse a mi cara, mientras con la mano que había dejado en mi cuello me acercaba hacia él; todo con un movimiento rápido pero inseguro. A unos pocos centímetros de mí me miró un instante a los ojos tratando de descifrar la reacción que estaba teniendo a lo que pretendía hacer, pero en ese instante estaba demasiado confundida, sorprendida y todo lo que termine en ida como para tener alguna reacción más allá de abrir los ojos más de lo normal y dejar de respirar. Derek cerró los ojos. Yo hice lo mismo, más que otra cosa, por inercia y como reflejo; y en menos de un segundo la distancia prudente entre nosotros y el espacio personal habían dejado de existir, y a juzgar por cómo se sintieron mi cabeza y mi estómago, a ellos les era preocupantemente poco importante. Y a mí también.



Eso definitivamente no estaba para nada bien.




Oh si... final descontrolado xD
Hahaha crew k por una vez en la vida no tngo mucho que decirles (: así q repito la advertencia de playlist grande para este capítulo xD
Oh claro!! Puse guapo al cuaderno donde sucede la magia x q tenía el logo gay de la empresa de mi padre en la portada y no m gustaba xD así que le hice un collagge al aventon y quedo bieen sepsii!! Luego subo una fotito, aprovechando k kiero subir unas cuantas cosas que sólo encuentras en ese cuadernin xD
Haha comenten gentee!! lo que sea se acepta (: El silencio otorga y si no comentan siento que no les gusta y me bajan los ánimos xD hahaha sigan leyendo y pasen mi link a todo lo que se mueva xD!!
Los kiero!! Lee y Comenta!!

1 comentarios:

Karen dijo...

hahaha me gusto me gusto! ;)

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