Mil y Dos Luces en Medio de la Nada.
Bien, estaba de regreso en mi cuarto y quedaban 10 minutos antes de que Lex pasara por mí, tal vez más, tal vez menos. Qué se suponía que hiciera? Me había dado por vencida en tratar de adivinar de qué se trataba el plan de esa noche en el trayecto de la puerta a mi cuarto, y no me daba tiempo de ver alguna película cursi con la esperanza de que me diera una pista.
Me medio recosté sobre mi cama cuidando que mi cabello no se desacomodara ni se llenara de estática, puse mi ipod con el volumen bastante alto pero aceptable y traté con todas mis fuerzas que los 10 minutos que faltaban se pasaran a una velocidad decente.
Según mi reloj interno habían pasado unas dos horas cuando escuché el auto de Lex estacionarse frente a mi casa (según mi despertador habían pasado 8 minutos) Me levanté de la cama, dejé a Amy Lee a la mitad de un agudo y me asomé por mi ventana, estratégicamente ubicada en casi el centro del piso superior y la única de la casa que no era un cuadro monótono con más cuadros dentro.
El coche de Lex estaba… No estaba. NO ESTABA! Busqué como histérica una limo en todo el pedazo de calle que podía ver desde mi ventana pero solo había un coche que nunca había visto en el lugar que el Taurus de Lex por lo general ocupaba (subirse a un coche así todos los días era solo una de las ventajas de salir con él).
Para mi sorpresa, Lex se bajó del auto extraño que a mi parecer era al menos tres veces más lujoso y muchas más costoso que el suyo (no sé de coches, no ubicaba la marca). Él también estaba vestido como para una fiesta de gala y la verdad se veía bastante bien.
Se acercó a mi casa, tocó el timbre como de costumbre y de nuevo el sonido me sacó del trance que me tenía pegada a la ventana.
Tomé mi bolsa y revisé que todo lo que podía necesitar (y lo que no) estuviera dentro: celular, llaves, maquillaje, pañuelos, goma de mascar, curitas, dinero, un kiss de chocolate, audífonos… etcétera. Le di un último vistazo a mi reflejo en el espejo y comprobé que me seguía viendo como la última vez.
-No voy a aguantar los zapatos- pensé, después de ver las sandalias de tiras plateadas y tacones bastante altos que Abby había encontrado en mi armario, y me había hecho ponerme a pesar de que le dije de todas las maneras habidas y por haber, que esas sandalias no eran una buena idea. Me puse una chalina también plateada para que mi mamá no dijera que moriría de una hipotermia, salí de mi cuarto y apagué la luz.
-Alex! Qué guapo! Quieres pasar? No creo que Liz se tarde mucho- Dijo mi mamá tras abrir la puerta.
-Eh… Gracias Clarisse, yo creo que…
-Ya estoy lista!- grité desde la cima de las escaleras reuniendo el valor para bajarlas con los killer hills que llevaba en contra de mi voluntad.
-Pasa de todos modos, Alex - dijo mi mamá y se hizo a un lado para que entrara. Para entonces yo ya llevaba casi la mitad de los escalones y algo me decía que Lex quería estar al pie de las escaleras cuando bajara, pero mi mamá lo arreó hasta la sala y le dijo que se sentara en uno de los sillones antes de meterse a la cocina.
Lo vi de frente hasta los últimos 5 escalones, cuando la escalera llegaba al descanso y giraba hacia la sala de estar. Podrán creer que el momento fue romántico o nos quedamos perdidos en la mirada del otro pero no fue nada de eso.
Lo vi de pies a cabeza confirmando que se veía bastante bien y evidentemente él hizo lo mismo conmigo. Después los dos nos volteamos a ver a nosotros mismos y a lo que estábamos usando y contuvimos una carcajada. Negué con la cabeza en lo que en idioma mejor amiga sería un “lo que hago por ti”, segura de que Lex no lo entendería (al menos no tan bien como lo haría Abby) y caminé hasta él para saludarlo.
-Nos vamos?- me dijo después de un beso pequeñito. Asentí resignada a que si le preguntaba cuál era el plan no me lo diría.
-Ya me voy mamá- dije un poco más alto de lo normal para que me escuchara hasta la cocina
-OK! Llévate llaves y algo para el frío- me contestó
-No sé qué le gusta al frío como para llevarle algo- pensé, consciente de que era un muy mal chiste y que estaba muy fuera de lugar como para decirlo en voz alta. Tomé a Lex de la mano y salimos hacia el coche.
El coche desconocido del que había bajado Lex, era de un color metálico entre plateado, azul y verde, de un diseño a mi parecer clásico, aunque no se le veían más de dos años de antigüedad. Me abrió la puerta como ya estaba acostumbrada y rodeó el coche para subir al asiento del conductor.
Por dentro era más lujoso de lo que parecía. Me quedé admirando los asientos de piel y los cientos de botones que no sabía qué hacían; decidí dejarlos en paz en caso de que alguno fuera de auto-destrucción o algo parecido.
-Es de mi mamá. No me dejó salir en el mío- Se refería al coche y le creía. A pesar de que su mamá vivía sola con Lex y Megan, tenían dinero, una casa de fin de semana, y como pueden ver, buenos coches (aunque no sepa de la materia, es fácil distinguir entre un Beatle y un Taurus)
-Es un…- dije
-Bentley- contestó. Asentí sin tratar de ocultar que no sabía de qué hablaba.
-Quédate con que si algo le pasa no acabaría de pagar ni siquiera la reparación en lo que resta de mis días.
-Oh- murmuré. Lex me besó la frente y sin soltarme de los hombros me vio a los ojos. Sus ojos eran grandes y de un azul que se acercaba al negro, y su piel era unos cuantos tonos más oscura que la mía pero sin llegar a morena; tenía las pestañas largas pero no ridículamente parecidas a las de mimi mouse, la frente ancha y el cabello negro, lacio y acariciable (aunque esa noche no, porque lo llevaba acomodado con gel, o lo que sea que se hubiera puesto). Podría dar una descripción detallada de cada una de las facciones de Lex, citar la ubicación de al menos 17 lunares, decir que su oreja izquierda era ligeramente más grande que la otra, que su ojo derecho era más oscuro que el izquierdo, etcétera, pero los aburriría, en conclusión digamos que Lex estaba un poco arriba del chico promedio (o eso pensaba yo. El amor es ciego recuerdan?)
- Te ves hermosa Eli- Oh no, cumplido. Me gustan los cumplidos, a quién no le gusta que le digan que se ve hermosa cuando eso es lo que buscó toda la tarde? Pero cuando te lo dice la persona que amas, a escasos 20 centímetros de tu cara, viéndote a los ojos y puedes ver que aunque haya sonado seguro al decirlo, se sonroja, es algo diferente; me seguía gustando, e incluso más por la sensación de vértigo en el estómago, pero en lo personal tiendo a tener una reacción poco agradable a ese tipo de situación.
Bajé la mirada y repetí una sonrisa parecida a la de la mañana, que causó que la suya apareciera también. Cuando recuperé el control sobre mí misma lo miré de nuevo.
-Tu también te ves…- hermosa? Noo! Ven a lo que me refiero con la reacción a los cumplidos?-muy bien- terminé. Lex sonrió, me soltó y encendió el auto.
-Aún no sabes qué es la sorpresa?- preguntó con un tono que confirmaba que sabía la respuesta
-Tengo que contestar? -dije, él asintió sonriendo y sin despegar la vista de enfrente -no, no tengo ni la menor idea.
-Bien- sonrió y aceleró dirigiéndose hacia la autopista más cercana.
Pasaron alrededor de 20 minutos según mi reloj interno (50 según el de mi celular y el del coche), había comprobado la función de al menos la mitad de los botones del auto, registré la colección de música de Rebecca, la mamá de Lex, y hablamos de lo primero que se nos venía a la mente.
-Ya casi llegamos- dijo Lex después de un rato. Para ser más específica, después de desviarse hacia una carretera… no, camino de grava que, a juzgar por su ancho y el hecho de que estaba bordeado por árboles, no estaba segura de que fuera ni siquiera para ida y regreso.
Unos 10 minutos de viaje más adelante, en la orilla del camino apareció otra luz que no era la de los faros del Bentley de Rebecca, sino una de un tipo más tenue y cálida y que parpadeaba sin apagarse del todo, como la de una veladora… o muchas. Lex estacionó el coche justo detrás de la luz.
-¿Qué…- dije, alargando la última “e” sin saber exactamente qué preguntar
-Shh, ya casi- dijo Lex y se bajó del coche para abrir mi puerta -traes tacones?- me preguntó antes de dejar que me bajara. En vez de responder, levanté una pierna y pudo no solo ver que los traía, sino apreciar su altura y su ancho (una reverencia a las que usan tacones así diario). Levantó las cejas en un movimiento rápido y me tendió la mano. Se la tomé y para mi sorpresa, en vez de dejar que me bajara como una persona normal, me cargó con mi torso en un brazo y las piernas en el otro.
-Abby?- preguntó
-Los tacones? -asintió - Si. Cómo sabes?
-La encontré en el camino a tu casa. Venía de ahí y ya eres oficialmente la única que no sabe la sorpresa.
Abby sabia! Y no se había dignado a mandarme un mensaje para decirme!
Negué con la cabeza y me medio recargué en su hombro.
Después de solo unos pasos llegamos a donde las luces empezaban. Efectivamente eran veladoras, cientos de ellas, bordeando un sendero angosto y formando sombras de formas extrañas en las hileras de árboles que se extendían varios metros hacia los lados.
Me quedé embobada viendo hacia el frente y solo noté que Lex sonreía y me veía fijamente.
Después de varios metros el sendero doblaba a la izquierda, las veladoras seguían la forma del camino pero antes de llegar a la vuelta, Lex dejó de caminar.
-Cierra los ojos y no hagas trampa- dijo -ya casi llegamos, no va a ser mucho tiempo
Después de hacer cara de berrinche, recargué mi cara contra su hombro y cerré los ojos. Lex siguió caminando; sentí cómo giró con el camino y caminó otro poco hasta salir de la tierra de la que estaba hecho el sendero y empezó a hacer el sonido que se produce al caminar sobre pasto.
-Ya? Pregunté impaciente, tener al misterio tan cerca y no poder abrir los ojos era realmente frustrante.
-Ya casi- dio unos cuantos pasos más y de pronto ya no estaba caminando sobre pasto, era… duela?
-Ya- dijo justo cuando decidí que no podría aguantar otro segundo si ver. Me separé lentamente de su hombro y me puso de vuelta en el piso.
Estaba parada debajo de una especie de carpa hecha de una tela blanca casi transparente. En el centro había una mesa de aspecto elegante con velas y rosas rojas en un arreglo al centro. En dos lados de la mesa había sillas y frente a ellas dos platos de espagueti que se veían bastante bien. La duela, sobre la que estaba todo, estaba cubierta de pétalos de rosa blancos y rojos, al igual que el lienzo que hacía de techo de la carpa, a través del cual se podían ver pedazos del cielo nocturno estampado con cientos estrellas que no eran visibles con las luces de la ciudad.
La carpa estaba en el centro de un pequeño claro que estaba iluminado con veladoras que lo rodeaban como las del sendero. No había un solo rastro de electricidad o combustible que no fuera cera; todo, absolutamente todo estaba alumbrado con veladoras. Estaban realmente por todos lados.
-Wow- fue lo único que logro salir de mi boca después de admirar todo en silencio y moviendo solo los ojos ya que el resto de mi cuerpo no lograba salir del shock.
-Te gusta?- preguntó Lex tomándome por la cintura.
-Me encanta- respondí poniendo mi manos sobre las suyas. Wow… de verdad tenía que ver la película de la que había sacado la idea. No me considero el tipo de persona exageradamente cursi, pero en momentos como estos me contradecía y bastante. De verdad me había encantado la sorpresa y más porque él la había preparado toda (tal vez con algo de ayuda de sus amigos. Podía ver a uno vestido de negro detrás de un árbol al otro lado del claro). Por momentos así es que mi vida era un Cuento de hadas.
-Nos sentamos?- dijo Lex. Asentí resignándome a que esta vez la sonrisa había llegado para quedarse o al menos hasta que me acostumbrara a la idea de estar en medio de un bosque, con vestido formal y cenando con mi príncipe/rey/novio cada vez más perfecto.
-Cómo se te ocurrió? Pregunté viendo a mi alrededor
-Maratón. No recuerdo la película, le voy a preguntar a Megan y la vemos el fin. Te parece?
-Dios- dije aún sin poder creer que se le hubiera ocurrido tal cosa y menos que en realidad la hubiera hecho y estuviera aquí sentada sin saber cómo responder al detalle.
-Bien, provecho- dije haciendo que sonara más bien como una pregunta. Tomé el tenedor que me quedaba más cerca (nunca me aprendí el orden correcto para cuando tienes más de 3 cubiertos) y comencé a picarle al espagueti.
Lex sonrió e hizo lo mismo.
-Abby fue cómplice- dijo después de un momento de silencio. Abby! Cada vez tenía más que reprocharle a esa mujer. Aunque pensándolo con más cuidado tenía lógica; no era normal en ella que no se hubiera llevado a Lex a un rincón de la escuela a interrogarlo hasta que le dijera el plan, y aunque la sorpresa me había gustado, la iba a regañar cuando la viera al día siguiente.
-Supongo que era de esperarse- dije. Lex y Abby se llevaban bastante bien, no sé por qué me sorprendía saber que se habían aliado.
Cuando terminamos el primer plato, llegó un amigo de Lex que apenas conocía con ropa formal de color blanco (el look no le iba tan bien como a Lex por supuesto) y a punto de reírse, nos sirvió un corte de carne bañado en una salsa de un color poco llamativo pero un aroma que lo compensaba.
Lex se encogió de hombros y continuó cenando y yo hice lo mismo.
Terminamos la cena hablando de cosas irrelevantes y entre risas y tonterías (más de mi parte) y cuando terminamos el pastel helado más delicioso que había comido en mi corta vida llegó el mismo amigo de Lex a recoger la mesa y se internó en el bosque.
-Te gustó?- preguntó Lex. Asentí y él se levantó para mover su silla de modo que ya no estuviera frente a mí, sino a un lado.
-No puedo creerlo- dije, y era en serio. No todos los días te sorprenden con algo así; es más, estoy segura de que muchas mujeres han muerto sin que las sorprendan con algo parecido.
-Por qué?- Porque?! Alexander!
-Porque esto es increíble, las velas se ven increíbles. Tú eres increíble.- dije, como si fuera lo más obvio de esta galaxia. Antes de que se me ocurriera algo más para decir que era increíble, Lex tomó mi cara entre sus manos aplastando ligeramente mis mejillas y se acercó hasta besarme. Me dejé llevar por el momento y obligué a mi corazón a que transportara todo lo que sentía y lo pusiera en ese beso en específico. Nos separamos y sus manos me guiaron hasta recargarme un su hombro y abrazarlo. Él me devolvió el abrazo apretándome como si quisiera que de algún modo estuviera aún más cerca de él.
-Y alguien como tú se merece algo mejor que increíble- murmuró cerca de mi oído.
-Te amo- susurré de modo que apenas pudiera sentir contra su cuello el aire que salía de mi boca al decir las palabras pero no escuchar mi voz.
-Y yo a ti- contestó un poco más fuerte que yo.
Nos quedamos así por lo que pareció una eternidad, pero a la vez una eternidad demasiado corta. Por lo general Lex no era tan cursi y siempre estábamos haciendo alguna tontería o molestando a Abby o alguien más que se cruzara en nuestro camino, pero esa noche estábamos en nuestro derecho por la ocasión.
-Ya viste el cielo? Es el más despejado en mucho tiempo.- dijo Lex.
Negué con la cabeza y me levanté de la silla para salir de la carpa y verlo sin la tela de por medio.
Cuando llegué al pasto comencé a caminar con las puntas de los pies (han caminado con tacones en pasto? No es divertido, no lo intenten) y unos pasos más adelante miré hacia arriba.
-Wow- fue, de nuevo, lo único que logré hacer que saliera de mi boca. No había una sola nube y la luna estaba de un blanco perla brillante que lograba de algún modo opacar al brillo de las miles de estrellas de todos los tamaños que se hacían visibles solo a varios kilómetros de la ciudad.
Lex volvió a abrazarme por detrás y recargó su cabeza junto a la mía (su barbilla quedaba junto a mi sien aún con tacones)
-Lástima que las opaques a todas- dijo como si no fuera un cumplido hacia mí. Oh no! otro cumplido! Me di la vuelta y lo abracé lo más fuerte que mis brazos podían, aunque ésta vez él no me regresó el abrazo con tantas ganas. Me separé él aunque no por completo para preguntar qué pasaba y noté que se había quedado muy serio viendo como a la nada. Volteé y, como era obvio si estás rodeado de bosque, estaba mirando hacia los árboles.
-¿Quién es él?- pregunté. Justo entre dos árboles y justo donde él estaba mirando había un hombre. Estaba segura de que no era uno de sus amigos porque se veía mucho mayor que cualquiera de ellos y tenía el cabello de un rojo brillante y agarrado en una colita de caballo más o menos del largo de mi cabello (que no era para nada corto), cosa que no había visto en ningún amigo de Lex. Vestía un traje negro que se perdía un poco en la oscuridad y solo resaltaba en su pecho una corbata roja aún más brillante que su cabello. Tenía un aspecto elegante y un porte que cualquier modelo envidiaría, pero lo que más llamaba la atención eran las sombras tétricas que las veladoras proyectaban en su cara.
Miré a Lex de frente y agité mi mano frente a sus ojos para que regresara del viaje.
-Eh? Quién es quién?- dijo regresando a la normalidad, al Lex feliz y enamorado que estaba acostumbrada a ver.
-El tipo que nos está viendo- dije y de nuevo volteé hacia el bosque, solo para descubrir que se había esfumado
-Cuál?
-Había un hombre de unos 40 y tantos junto al árbol y…- Paré al ver que Lex me miraba como si fuera un bicho raro. -no me crees verdad?
-No había nadie amor
-Entonces qué estabas viendo?
-Nada, me fui- Lo miré incrédula y él me hizo esa sonrisa de niño que acaba de hacer una travesura, que era imposible despreciar y que hacía que sus ojos brillaran.
-Bueno- accedí y esta vez él me abrazó a mí y dio una vuelta levantando mis pies del piso y haciendo que me aferrara a sus hombros con aún más fuerza. Nos reímos de mí y del gritito que solté cuando me levantó, y al tratar de separarme del abrazo después de haber quedado en silencio, él ni siquiera se inmutó, por lo que le seguí la corriente y me quedé parada en sus brazos, debajo de la noche y rodeada de veladoras.
-Te amo Eli, te amo mucho. Prométeme que nunca se te va a olvidar- Me dijo, de pronto recobrando la seriedad y a mi parecer juntando toda la que no usaba durante los días normales.
-Por qué olvidarlo? Vamos a estar juntos siempre no? Nunca se me va a olvidar, te amo demasiado para olvidarlo. Porqué habría de?- contesté, hablando más rápido de lo que podía producir las palabras. Me separé del abrazo al final de la frase y lo vi a los ojos.
-No lo sé. -Algo había diferente en sus ojos. Preocupación? Reflexión?... Tristeza? -Cualquier cosa podría pasar. Y si mañana despiertas con Alzheimer? - dijo, recobrando gran parte de su semblante normal con la última pregunta. Sin embargo algo quedaba en sus ojos de ese sentimiento opresor no identificado.
-Aún así, eso sería lo último que se me olvide
-Sí- dijo, como si no creyera que fuera cierto.
-Por qué hablamos de esto si no va a pasar?- pregunté para hacer a un lado el tema y quitar el ambiente denso que se había instalado en el claro.
Lex se encogió de hombros
-Qué tienes?- pregunté. Lo admito, comenzaba a preocuparme.
-Nada. Momento de reflexión. Pero ya no quiero pensar en lo que pase después. - hizo una pausa antes de seguir, yo lo miraba con atención y observaba cómo poco a poco le regresaba el semblante triste de hacía unos momentos -Me importa más que te tengo ahora, lo que pase con el tiempo no importa cierto? Prometiste no olvidarme; eso importa. Sé que me amas tanto como yo a ti, eso también importa, tu familia es estable y pasas tiempo con gente que es buena para ti, eso también me importa, tienes amigos, tienes un futuro y eres una persona maravillosa, eso…
Me paré aún más en las puntas de mis pies para alcanzarlo y poder hacer que callara con un beso que no me regresó con mucho entusiasmo.
-Estás conmigo y eso es lo que más me importa ok? No nos preocupemos por cosas que no vienen al caso.- dije en tono de regaño.
-Gracias por todo Eli- dijo él aún con nostalgia.
-Gracias a ti
-Se hace tarde amor, y no quiero que te digan algo tus papás.
-No me van a decir nada. Lex, conoces a mis papás.
-Aún así ya es tarde y estamos en medio de la nada.
Decidí que no tenía sentido evitar que la noche terminara, y además, si Lex había propuesto irnos, seguramente era porque tenía algo que hacer, así que asentí y empecé a caminar de regreso a la carpa para tomar mis cosas.
Lex caminó detrás de mí en silencio, pero no era un silencio como los que se hacían entre los dos cuando simplemente nos quedábamos sin tema de conversación, algo había raro en él e iba a averiguar qué era… en cuanto me quitara los tacones que ya me estaban matando.
Me cargó de regreso al coche y algunas veladoras ya se habían apagado con el viento, pero aún así el camino estaba bien alumbrado.
Entramos los dos y yo avisé que iba a sacarme las sandalias. Lex se rio un poco al verme sin zapatos en el coche carísimo de su mamá y en el resto del camino no se distrajo mucho de la carretera. La mayor parte del tiempo de regreso, (esta vez se acercó bastante mi aproximación al tiempo real) él estuvo callado y yo lo veía fijamente, tratando de descubrir qué tenía y examinando de nuevo sus facciones, haciendo otra descripción mental muy poco objetiva.
Llegamos a mi casa después de más o menos una hora y se estacionó en el lugar de costumbre, justo frente a mi ventana. Apagó el coche pero no se bajó a abrir la puerta.
-Eli, eres muy importante para mí lo sabes?- Asentí. Tal vez trataba de decirme algo, y tal vez tenía que ver con su estado de ánimo, así que no hablé para dejar que él lo hiciera. (No creía que me fuera a proponer matrimonio, pero si fuera el caso ya tenía mi respuesta y no lo iba a decepcionar) -Y no te dejaría por nada del mundo, haría todo lo que estuviera en mis manos y más para estar contigo por siempre.
-Yo también- pensé, pero no lo dije para dejar que la siguiente idea se formará en su boca.
-Eres lo mejor que me podría haber pasado y yo tampoco me voy a olvidar de ti nunca, te lo prometo.
-Lex, no sé qué tengas, pero no importa. Al final del día siempre voy a estar contigo y siempre te voy a amar Ok?- dije, esta vez para hacer que dejara de hablar por el bien de mi salud mental y mi maquillaje -Te lo prometo- añadí segura de que sería capaz de cumplirlo.
Lex asintió como si no lo creyera del todo. Era caso perdido, al día siguiente que regresara a la normalidad, por lo menos un poco, hablaría con él.
-Bueno, vamos o nos amanecemos en el coche- Dijo después de un suspiro y se bajó para abrir mi puerta.
Nos paramos justo delante de la puerta de entrada y se encendió la luz que estaba programada para hacerlo cada que alguien pasara frente a ella.
-Nos vemos mañana?- pregunté
-A la misma hora en el mismo canal- me contestó sin creérselo completamente. Diablos! Qué tenía?! Aún con la desesperación de no saber asentí y sonreí.
Lex puso su mano sobre mi mejilla, esta vez sin aplastarla, y se acercó para besarme. Sentí que él intentó hacer lo mismo de poner sentimientos en un beso que yo había intentado en la carpa pero con mucho más éxito, logrando que supiera un tanto a entrega, nostalgia, preocupación, remordimiento… cielos, pero sobre todo sentí el amor incondicional que sabía que me tenía y eso me tranquilizaba de algún modo y opacaba todo lo demás. Nunca me había besado así en nuestros 8 meses de novios, pero qué pena, no tienen por qué saber eso.
Un momento después, me abrazó con todas sus fuerzas (tal vez no todas, porque salí entera del abrazo) y le regresé el abrazo tratando de que al mismo tiempo de que fuera cariñoso fuera reconfortante y ayudara al menos un poco en lo que sea que tuviera.
-Hasta mañana. Te amo.- Me dijo, viéndome a los ojos y era más en serio que nunca.
-Seguro de que estás bien?- pregunté, realmente preocupada. Lex asintió y me lancé a sus brazos para otro abrazo más corto. -Bien, ya me voy. Te amo- dije mientras sacaba las llaves de mi bolsa.
Abrí la puerta y le mandé un beso, él sonrió y noté que me veía fijamente, como si hubiera logrado lo mismo que con el beso en una mirada. Le dije adiós con un gesto de la mano desde detrás de la puerta, el hizo lo mismo y cerré cuando comenzó a voltearse hacia el coche.
Espera… escuché que dijo algo antes de que cerrara? Me quedé parada a oscuras en medio de la sala, el comedor y la puerta… A caso fue un no me olvides?
Si te gusto y quieres saber qué sigue (y yo sé que si) te interesa esto... Update... Salven a mi Blog!!!

1 comentarios:
un buen carro y buenas ideas para la escena romantica
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