Mis Divagues y el Proceso Creativo
Si hubiera tenido que describir mi vida en una palabra, hubiera pedido dos más y dicho cuento de hadas. No había de otra. ¿Por qué?, simple: porque mi vida era mi propio cuento de hadas.
Un buen final feliz, siempre es el elemento principal en un buen cuento: la princesa, doncella o persona normal (en mi caso) siempre obtiene a su príncipe, rey o novio (en mi caso) perfecto; el reino, los campesinos, o familia y amigos (en mi caso) son felices y por supuesto, cualquiera que se interpone en la felicidad de todos -que nunca falta- no lo vuelve a hacer, aprende una lección y con algo de suerte, se une al lado bueno.
Si tomabas en cuenta que mi vida cumplía con la descripción de final feliz y que cuento de hadas = final feliz, entonces cuento de hadas era la descripción más cercana.
Un auto se estacionó frente a la entrada de mi casa. Era lunes, por lo que el sonido resultaba familiar y muy anhelado, pero a la vez, apenas logró hacer que abriera los ojos y dejara de hacer analogías entre los cuentos de hadas y mi vida. Hehe analogías. Había estado divagando medio dormida pero aún así, estaba de acuerdo en que mi teoría era lógica y comprobable y que sería una buena descripción. Rayos. Estaba empezando a divagar otra vez y los pasos ya estaban haciendo el sonido familiar sobre el porche.
El sonido del timbre (uno largo y dos cortos) fue lo que logró sacarme de la cama de una vez por todas.
-¡Liza, despiértate ya! - Me gritó mi mamá desde el piso de abajo.
-Ya estoy despierta- Le contesté abriendo la puerta de mi cuarto para que el grito no fuera necesario y que notara que también me había levantado. Comencé a meter mis cosas al baño de mi cuarto para bañarme en cuento saludara a mi príncipe/rey/novio. No sé por qué insistía en verme en pijama cada lunes que pasaba por mí temprano, pero si me arreglaba sin que me viera antes… bien, no pasaba nada pero eso le gustaba así que por qué no.
-Buenos días Alex, pasa. Tienes un don para sacar a Liz de la cama, hasta hace un minuto no había logrado que me respondiera-. Odiaba aceptarlo porque resultaba vergonzoso, pero mi mamá tenía razón. Lo único que me sacaba de mi coma nocturno en lunes, era el timbre (sólo cuando Lex lo tocaba: uno largo y dos cortos) me pregunto por qué mis papás nunca habían intentado tocarlo ellos, o si lo habían intentado y no había funcionado… Mmmhh. También odiaba que mi mamá le dijera Alex (suena un a nombre de mujer o soy solo yo?) Pero es de las cosas que realmente no tienen importancia, le quitas una “a” y suena mejor. (a quién engaño, siempre me saco algún apodo cursi y no le digo ni siquiera Lex) -.Liz está en su cuarto. ¿Quieres un hot-cake? -. Oohh oferta tentadora. Después de las bolitas de nuez y los huevos revueltos, los hot-cakes eran lo que mejor le salía mi mamá y la envidia de todos lo que los habían probado. Lex no se podía negar.
-Gracias Clarisse. Mmh. Desayuno con Eli - Sabía que no podía negarse. Aún así se podía considerar un cumplido que pospusiera los hot-cakes por subir a verme en pijama.
Esperé a que Lex terminara de subir las escaleras aún con la sonrisa que su voz invariablemente me causaba. Las primeras veces que había entrado a mi casa (más en lunes) había tratado de contenerla, porque no es el tipo de sonrisa que hace que te veas mejor y que la gente te sonría de vuelta, sino el tipo de sonrisa que me hace ver como idiota y hace que la gente se ría, me vea raro o piense que tengo algún extraño déficit de atención o enfermedad mental y que mi mente está en algún lugar más feliz. Sin mencionar que si trato de contenerla, parece que tengo la boca deforme o que me acabo de comer un dulce demasiado ácido que a mí ni siquiera me causaría esa reacción. Los dulces absurdamente ácidos son como mi adicción de hecho.
Lex se acercó a mí con una sonrisa parecida que seguramente era la razón por la que la mía no le causaba gracia, aunque la suya se veía bien en él. Me tomó por la cintura y yo puse mis brazos sobre sus hombros.
-No puedo creer que hayas negado los hot-cakes- dije después de un beso rápido.
-No los negué, no podría. ¿Desayunas conmigo?
-Empieza tú y bajo en diez minutos
-¿Segura? - Los ojos le brillaban. De verdad se había sacrificado al posponer los hot-cakes. Sabía que si le decía que quería que se sentara en mi cuarto a hacer nada mientras yo me daba un baño, el olor que se colaba desde la cocina lo llamaría y tendría que pegarse al piso con pegamento industrial para no acudir al llamado. No soy tan cruel así que… -Sí, no me tardo-
Sonrió y nos separamos. Lex dio los dos pasos que le faltaban para salir de mi habitación y empezó a bajar las escaleras con pinta de niño que va a ver sus regalos de navidad. -¡No te tardes!- Le respondí negando con la cabeza y me encerré en mi baño.
No sé cuánto tiempo me tardé bañándome pero estoy segura de que fueron menos de diez minutos y de que el tiempo paso a mi récord personal. Nota mental: Si se me hace tarde, me baño con hambre (y es que de verdad me moría de hambre)
Por lo general lo que haría después de bañarme, sería arreglarme, hacer algo de tarea que no hice la noche anterior, verme en el espejo y cambiarme de ropa hasta estar segura de que todo combinaba y en pocas palabras, matar el tiempo hasta que tuviera que irme a la escuela. Pero hoy, bajé casi corriendo las escaleras dejando un rastro con el agua que aún goteaba de mi cabello y entré a la cocina.
Lex estaba en el desayunador esperando a que yo bajara para que mi mamá nos sirviera el desayuno.
-Buenos días ma- Mi mamá me sonrió mientras se volvía hacia mí con dos platos de hot-cakes que parecían sacados de algún anuncio de T.V.
-Buenos días- me contestó -Le dije que empezara pero insistió en esperarte- dijo señalando a Lex con la cabeza.
-Yo le dije lo mismo- contesté mientras me sentaba junto a él y tomaba su mano. Mi mamá estaba acostumbrada a vernos juntos y no le molestaban las “demostraciones de cariño” como lo llamaba ella. Obviamente demostraciones de cariño no era lo mismo que demostraciones efusivas de cariño, cosa que había dejado en claro desde la primera vez que algún novio pisó mi casa (yo tenía como diez años y no tenía idea de qué era efusivo pero desde entonces ella puso el límite que sigue vigente… y seguirá)
Desayunamos más lento de los normal (porque a todos se nos hizo más temprano de lo normal) y nos dimos el lujo de platicar de cosas irrelevantes mientras comíamos. Mi mamá, que había desayunado con mi papá antes de que él se fuera al trabajo, esperaba pacientemente a que Lex o yo nos pasáramos el bocado de hot-cake y pudiéramos seguir hablando.
Cuando terminamos de desayunar, Lex y yo subimos a mi cuarto a que yo me arreglara y él me viera hacerlo (no logro entender por qué lo entretiene verme pelear con mi cabello).
-¿Tienes algún vestido de noche?- me preguntó mientras me secaba el cabello.
-Debo de- contesté. ¿Vestido de noche? La última vez que me puse uno fue en la boda de una amiga de mi mamá y creo que ya se divorció del tipo. ¿Para qué quería que tuviera un vestido de noche? No me iba a quedar con la duda. -¿Por qué?
-Se me ocurrió una idea el fin de semana. Megan hizo maratón- Uy... Eso podía significar dos cosas: 1)Me llevaría a algún mundo paralelo con duendes, elfos, anillos y/o varitas mágicas (aunque creo que el atuendo para eso sería una toga o algo así) o 2) Se le había ocurrido hacer algo realmente cursi. Esperaba que fuera la segunda.
-Maratón Señor de los Anillos/Harry Potter o maratón Llora a Moco Tendido-
A pesar de los nombres de los maratones, ninguno de los dos soltó una carcajada. Eran los dos maratones más comunes en la casa de fin de semana de Lex y ya tenían nombres asignados desde antes de que nos conociéramos.
El Señor de los anillos/Harry Potter se explica solo. La meta era ver todas las películas de las dos series en un fin de semana sin dormirse (se valía decir los diálogos si te los sabías). A ese maratón había ido dos veces y descubrí que a Megan, la hermana menor de Lex, no le gustaban las series por que fuera la ñoña mayor o algo así, sino que Orlando Bloom, Eliyah Wood y Daniel Radcliffe (a pesar de que estaba segura de que él es gay) son la razón detrás de la popularidad del maratón.
El maratón Llora a Moco Tendido, incluye todas esas películas cursis que a todas nos encanta ver y que invariablemente nos hacen llorar en el final. Pero cuando ves ese tipo de películas todo el fin de semana, en las últimas sólo sollozas porque te acabaste tu cuota de lágrimas a partir de la quinta.
Me gustaban los fines de semana con la familia de Lex, porque aparte de que me encantan las películas, no tenía que esperar hasta el lunes para que él regresara y nos viéramos otra vez.
-Llora a Moco Tendido- me contestó.
-¿Y cuál es la idea?- pregunté sonriendo.
-Es una sorpresa- Mmmhh. No me gustan las sorpresas... bueno, las sorpresas sí, lo que no me gusta es esperar antes de la sorpresa. Apagué la secadora y puse una cara que esperaba se acercara a la del gato con botas de Shrek -. ¿Por favor?- dije inclinando la cabeza hacia un lado y con una voz más aguda. Lex se cubrió los ojos con las manos.
-¡No! ya soy inmune a la cara- A la cara tal vez. Me acerqué y le dí un beso -¿Por favor?- Negó con la cabeza y se destapó los ojos.
-No me hagas decirte, de verdad quiero que sea sorpresa- me dijo con una cara como la que yo había hecho. Rayos, ¡yo no era inmune a LA cara!
-Mmmhh -Lo ví amenazadoramente, (aunque los dos sabíamos que la amenaza era menos real que los cerdos voladores) -bueno.-accedí y seguí arreglándome el cabello.
-Vestido de noche… Como para qué quiere un vestido de noche?!- Abigail, mi mejor amiga desde hace 16 años y poco menos de un mes (osea mi edad) y yo, disfrutábamos nuestros últimos momentos de libertad y salud mental en el pasillo antes de la divertidísima clase de matemáticas de la mañana (en caso de que no lo hayan notado lo de divertidísima era sarcasmo. Y grande). Lo primero que hice cuando Lex me dejó sola con ella para ir a clases fue contarle sobre la supuesta sorpresa.
-Si supiera qué piensa hacer ya te hubiera dicho, Abigail-
-Por Dios! Siglo XXI Alexander! Hoy en día no se va a bailes formales con tu novia.
-Nadie dijo que era un baile!
-Pero nadie dijo que no- Odiaba aceptar que tenía razón.
-Eres odiable cuando haces eso-
-Pero sigo siendo tu mejor amiga, Bessy, y sé que muy en el fondo me amas, así que- Se llevó un dedo a los labios y terminó la frase con un Shh bien largo.
-Sí Abby yo te amo en secreto pero nuestro romance no puede ser porque las dos estamos atadas a otra persona con la que en realidad no queremos estar- Dije dramáticamente abrazando a mi mejor amiga con los dos brazos y un pierna y echando la cabeza hacia atrás.
-Eh… Bess, Matt está en el edificio de enfrente- La solté y miré hacia donde se suponía que estaba Matthew, su novio del mes (que en realidad había batido record al ser el novio del mes por segunda vez consecutiva) Abby le sonrió y le mandó un beso y Matt negó con la cabeza riéndose y se lo regresó antes de entrar a su salón de clases, justo delante de una maestra que no conocía.
- Estás loca Bessy, ya es oficial,- Dijo Abby entre risas mientras entrábamos al salón -y dijiste la mentira más grande que te pudiste haber inventado-
La miré extrañada. Más grande que “Abby no está con Matthew, me dijo que iba a ver a una tía”? No lo creo. -A qué hora?-
-Alrededor de las 9 de la mañana, en el pasillo mientras me abrazabas… si es que eso era- Me quedé callada. mentira? A qué hora dije una mentira?
-No sé tú, pero yo sigo igual de perdida que ayer. Y hoy en la mañana tú estabas más perdidamente enamorada de tu príncipe que ayer y que yo juntos, y no te veías para nada atada a una persona con la que no quieres estar. Lástima Bess, tus ojos de perrito regañado cuando estás con Lex te delatan y no quiero ser plato de segunda mesa.- Se volteó haciendo volar su cabello y se fue caminando supuestamente indignada a la femme fatale. Aun así ya que me recordaba lo que había dicho en mi supuesto ataque de amor descontrolado hacia ella, sí era la mentira más grande que había dicho y habría podido decir.
Me lo dije hoy en la mañana y lo sigo pensando. Soy una chica normal y feliz, tengo mi novio perfecto (eso creo, con eso de que el amor es ciego una ya no sabe, pero ciego o no, sigue siendo amor) y vivo mi final de cuento de hadas. Y créanme que atada o no a Lex, no es alguien con quien no quiera estar.
-Señorita Gray. Tome asiento- dijo Frederic McHenry, director del departamento de Matemáticas y oficialmente el maestro con las clases más aburridas del plantel, con su voz nasal, despertándome del segundo divague masivo del día que tenía que ver con finales felices.
La clase se me hizo más eterna de lo normal (si es que hay algo más largo que eterno) y, para distraerme un poco de las x’s y y’s y signos de más y menos que tapizaban el pizarrón, no dejé de pensar en para qué querría Lex que tuviera un vestido de noche.
Estaba a punto de dormirme sobre mi brazo cuando un papel arrugado me golpeó la cabeza. Me levanté buscando al culpable y no me sorprendió ver a Abby tomando notas (cosa que solo hacía para fingir inocencia)
-Ouch!- Murmuré. Conciente de que a pesar de que Abby no podía escucharme, estaba viéndome de reojo y me iba leer los labios. Lo comprobé cuando le enseñó la lengua al cuaderno.
El papel decía:
No sé y no me importa qué cusilería se sacó de la manga tu novio, pero sé que te vas a ver bien para lo que sea que se le haya ocurrido, y no se necesita el método científico para comprobar que tú sola no vas a lograr maravillas.
Quedas en arresto desde que salgamos y no hay nada que puedas hacer al respecto. Si tienes el vestido? A qué hora va a pasar por ti? Va a pasar por ti verdad? Ooh que rente una limo!
Conociendo a mi mejor amiga, sabía que de verdad no había nada que hacer al respecto, pero también sabía que podía manejar mejor mi cabello que el suyo y viceversa así que no tenía ninguna objeción importante.
En el espacio que quedaba en blanco del papel escribí:
Pasa a las 7:00 pm a mi casa y si renta una limo lo desconozco. Quiero creer que sí tengo vestido y que me va a cerrar.
Más te vale que tú si logres maravillas!
Arrugué el papel de nuevo y se lo lancé asegurándome de que cayera sobre su cabeza. La ví leerlo e hizo uso del don que, estoy segura, he visto en muchísimos pares de mejores amigas: Hizo un gesto que me dijo en dos segundos lo que le hubiera tomado al menos 10 y uno de los famosos “cállese” nasales de McHenry en decir. Dijo algo así como “De quién crees que estás hablando?”
Le respondí en el mismo idioma, esperando que entendiera un “Necesitas que te bajen el autoestima” y comencé a copiar en los últimos 5 minutos de clase lo que debí de haber copiado en 1 hora.
Si algo había aprendido de McHenry es que en su clase, el número de minutos que te tardas en copiar un tema “x” es inversamente proporcional a la cantidad de información de dicho tema que realmente se te pega. (Teoría redactada por Jason Crow, único ñoño sociable y popular en la faz de la tierra.) En otras palabras, copia en los últimos cinco minutos y obtén una calificación más alta.
El resto de las clases pasaron bastante rápido y a las 3 de la tarde que volvimos a ser libres, Abby me secuestró en su Beatle amarillo como había prometido. Con algo de trabajo logré que me dejara encontrar a Lex para decirle que ella me llevaba a mi casa y despedirme de él (más bien fue un te veo en unas 5 horas, te voy a extrañar, te amo, cursi, cursi, empalagoso... Pero es casi lo mismo).
-Porqué no pueden despedirse como personas normales? No quiero imaginarme lo que se dirían si se dejaran de ver un mes- dijo Abby con un tono de repulsión.
-No, no quieres. Pero estoy en mi derecho, estoy perdidamente enamorada de mi príncipe no? Más que ayer. Hago ojos de perro regañado cuando estoy con él, por eso lo nuestro no puede ser, Abby- Contesté, restregándole lo que me había dicho en la mañana.
-Todo lo que diga podrá y será usado en mi contra?
-Exacto así que- Me llevé un dedo a los labios e hice un Shh bien largo. Tengo que mencionar que es lo que ella hace siempre?
-Cierra tu pequeña boca Elizabeth, por lo menos hasta que pueda contestarte sin tirar postes y arruinar el coche-
Cierto, me llamo Elizabeth, y a mis papás no se les pudo haber ocurrido un nombre con más diminutivos. He pasado por Lizzy, Eli, Bess, Bessy, Betty, Beth, Liza, Eliza, y todos sus derivados. Puedo seguir, en serio tengo más.
Después de unos 5 minutos de silencio tras haber cerrado mi boca con un candado invisible y tirado la llave por la ventana, llegamos a mi casa. Abby, como de costumbre, dejó su beatle en el espacio que era para el coche de mi papá a partir de las 8 de la noche y entramos a mi casa.
-Abigail! Cuanto tiempo tiene que no te veo pequeña saltamontes? Desde que Liza está con Alex te trae menos seguido a la casa.- Dijo mi mamá abrazándola y acomodándole un mechón de cabello rubio que el viento se las había ingeniado para desarreglar a pesar de que Abby traía una de sus millones de diademas que combinaban con sus millones de atuendos y accesorios varios.
-Hola Clarisse. Me cambian, qué le vamos a hacer. - Contestó Abby. Yo solo puse los ojos en blanco.
-Muero de hambre ma, hay algo?- Pregunté
-Hot-dogs. Quieren comer?- Se nota que a mi mamá se le da más lo simple?
-Yo sí Clarisse. Por favor. - dijo Abby
Asentí y le quité la mochila del hombro a Abby, que la había estado cargando desde que llegamos, y la dejé junto con la mía en un sillón.
-Ya está todo listo en la cocina.- Abby se marchó como si mi mamá hubiera ordenado que fuéramos a la cocina en vez de avisarnos que ya podíamos comer. Ya había comenzado a caminar tras ella cuando la voz de mi mamá me cortó la inspiración -Liz, llamó tu papá y dijo que otra vez va a llegar tarde. Hoy no siguen la fiesta en casa de Abby a menos de que alguien te regrese.- La fiesta? Está bien que juntas seamos más escandalosas que una jaula de loros, pero eso no era una fiesta. Se notaba que mi mamá nunca había ido a una fiesta real con ella.
-Voy a salir con Lex en la noche y él me tele transporta de ida y regreso. Hoy no seguimos la fiesta.
-Qué van a hacer ahora?- preguntó mi mamá dejando claro con su voz que no era la primera vez que me hacía esa pregunta… ni la segunda, ni la tercera…
-Es un misteeerioooo- dijo Abby desde la cocina
-No me ha querido decir. Me dijo que me pusiera un vestido de noche- Dije encogiéndome de hombros.
-Con que no vayan a tomar café todo está bien. Si no encuentran otro lugar a donde ir entre semana se van a hacer los dos adictos
-Ir a un café no es lo mismo que tomar café mamá. Por algo alguien inventó los smoothies y la soda italiana
-Bueno. Sólo te lo digo.
Asentí y entré a la cocina, donde Abby estaba devorando su primer hot-dog con solo mayonesa (no le gusta el jitomate en ninguna de sus formas y la mostaza es muy amarga para su estricto paladar. Todos los días doy gracias por que le guste el pan y el helado de cookies & cream)
Comimos sin prisa alguna tratando de recordar cómo era el vestido que creía tener y divagando sobre las opciones que teníamos en caso de que no me cerrara (correr en círculos gritando como desesperadas fue la primera en ser descartada) y cuando terminamos subimos a mi cuarto a salir del dilema.
Gracias a la fuerza superior que sea que exista o que se les antoje pensar, el vestido cerró sin dar mucha batalla y se vio mejor que la última vez que lo usé.
Era un vestido rojo, pero no de cualquier rojo, era mi tono favorito de rojo, ese rojo que realmente llama la atención y se ve en vestidos y labiales de femme fatale de película. MI rojo. Tenía tirantes delgados y un escote y un largo que cabían dentro de la categoría sexy pero aceptable en la clasificación que Abby había hecho en caso de fiestas formales donde la más baja categoría era “vendo rompope en el convento” y la más alta era “Macey Jones es mi modelo a seguir” (Se cuenta que Macey pasó por las manos de tres cuartas partes de los chicos de la escuela menos de 3 meses después de haber entrado. Algunos dicen que fueron 2. Ahora imaginen el tipo de vestido que se pondría una persona con esa reputación.)
En la parte baja, el vestido estaba hecho de una tela ligera que, a pesar de ser una pieza, daba la ilusión de estar formado por muchas mascadas y se elevaba cuando caminaba o giraba (parecía niña de 4 años girando a la mitad de mi cuarto viendo cómo volaba el vestido).
Ese era mi vestido, sin mencionar que había que aceptar que de algún lado me sacaba curvas que estaba segura que no tenía esa mañana.
-Ya te lo quitas para empezar a arreglarte?- Preguntó Abby. Estaba sentada con las piernas cruzadas en mi cama viéndome admirar el vestido.
-Ya, perdón. No recordaba que estuviera tan bonito- Dije empezando a tratar de bajar el cierre.
-Lo noté- Dijo Abby ayudándome a desvestirme, seguramente porque me veía ridícula correteando el cierre.
Me puse la ropa que traía antes de probarme el vestido y me senté frente a mi tocador poniendo mi cabello y mi estuche de maquillaje a la disposición de mi mejor amiga. No sé si lo sepan pero por lo general cuando una chica deja que la peines y/o maquilles para una ocasión importante es porque de verdad te tiene confianza. A pesar de que a veces me hacía la vida imposible, confiaba ciegamente en Abby, no se puede esperar otra cosa de dos mejores amigas que lo son desde que nacieron (en realidad fue en una estancia infantil, unos dos años después, pero nos gusta creer que desde que nacimos estábamos destinadas a ser mejores amigas).
Aproximadamente dos horas y media después y media antes de que Lex llegara, estaba maquillada, peinada, vestida y de regreso en el espejo de cuerpo completo debatiendo conmigo misma sobre qué debía admirar primero: mi cabello o el vestido (otra vez). Al parecer Abby no se había quedado muy lejos de la verdad al decir que iba a lograr maravillas. Mi cabello, originalmente más ondulado que lacio pero menos ondulado para ser llamado así, estaba ligera y artificialmente rizado y sujeto con dos mechones enrollados que se unían en un broche plateado que Abby encontró en uno de los cajones de mi tocador. De alguna manera había logrado que el fleco que no recordaba que tenía, se viera bien sobre el lado izquierdo de mi cara pero sin cubrir las tenues sombras no cafés, pero tampoco totalmente rojas, que había logrado con mi escaso repertorio de colores de maquillaje. La forma de mis ojos estaba resaltada con delineador en una forma que tenía que aprender; había comprobado que la mascara supuestamente maravillosa que Abby siempre traía en su bolso, realmente lo era, y mis ojeras, producto de hablar por teléfono con Lex hasta tarde y subestimar por 16 años el poder de las 8 horas de sueño, habían desaparecido casi por completo.
No es por ser vanidosa ni por halagar a Abby, pero en general esa noche me veía bastante bien... muy bien, de hecho.
-¿Cuánto me saqué?- me preguntó Abby después de dejarme ver mi reflejo en silencio por unos momentos
-¿Del uno al diez? - asintió - un 13
-Esperaba un 15 pero está bastante bien- se levantó de mi cama desde donde me estaba observando y me abrazó, esta vez como dos mejores amigas normales y solo con los brazos. -Me tienes que contar qué se le ocurrió a tu novio y cómo le sale.
-Si no lo hiciera preocúpate porque me abdujo algo.- dije y la apreté más fuerte -Gracias Abigail, por eso te quiero, tonta.
-Y para eso estoy Bessy.
Nos separamos y Abby me vio de pies a cabeza para comprobar que todo estuviera como debía
-Bueno. Te dejo, o voy a llegar tarde con Matt. No creías que iba a dejar de salir con él por ser tu salón de belleza o sí?- dijo
-Supongo que no. Suerte- Contesté. El día que no salga con Matt por lo menos una hora me preocuparé por su salud mental.
-¿Suerte? En qué momento necesito suerte para salir con mi novio?
-En el momento en el que llevas dos meses con él cuando debería de haber durado uno o menos. En cualquier momento puedes necesitar mi suerte sabes?
-Pues sabes cuando más necesitas suerte para salir con tu novio?- Oh no, sabía hacia dónde iba -Cuando te pide que te pongas un vestido de noche y no te dice qué van a hacer- me dijo, casi en un susurro.
-No dijiste que ya te ibas?- pregunté para cambiar el tema
-Nos vemos Bessy. Suerte- dijo, haciendo énfasis en la palabra “suerte”. Tomó su bolso y tras despedirse de mi mamá y tomar su mochila de la sala, la acompañé hasta la puerta de entrada de mi casa y esperé ahí a que el beatle amarillo se perdiera de vista.
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