Lee desde la primera entrada aunque te de flojera xD ...Digo... es una sugerencia (:


viernes, 30 de julio de 2010

Capítulo 12

Ay... dioooos! ya m sobro un capítulo xD hahaha o no?? chaz... bno... whatever (: ya es el ultimo capituo gente... u.u lloremos todos hahaha pro no tienen mi permiso de leer hasta que vean ... Este post :D hahaha bno... ya lo vieron? ntonces y ya pueden seguir xD hahaha ñaam... faltan este y otros dos posts sin contar el último xD así que estén al pendiente y si kieren seguir mándenme un mail y comenten diciendome a donde les mando lo que siga :D salee?? bno... ahora si ahi les vaa




Jenga


Es gracioso ver cómo la cosa más pequeña puede cambiar drásticamente las situaciones y a las personas. Como cuando quitas la pieza de hasta abajo del Jenga. Si no era una pieza importante, solo les complicas la vida a los demás. Pero si es esa pieza que batallas para sacar aunque sabes que vas a echar a perder el juego, toda la torre se cae, los que están jugando gritan y te golpean, y tienen que volver a empezar de cero. Por ridículo que suene, creo que no me pude haber inventado una metáfora mejor. Qué cosa, mi vida había pasado de ser un cuento de hadas a ser un juego de Jenga. Y entre Eva, mis papás y Lex, se las habían arreglado para sacar la pieza de hasta abajo; y ahora yo tenía que volver a hacer mi torre para poder seguir en el juego.


Había pasado otra semana sin saber de Lex, y no me pregunten cómo pero había sobrevivido con todo y los cambios y las ansias de verlo que habían logrado que mi viejo hábito de morderme las uñas regresara en todo su esplendor. Lo divertido era que no había manera de quedarme sin uñas qué morder, así que podía seguir por días enteros si así lo quería.






-Tienes que verle algo bueno a las cosas, pequeña. Si no, no vas a aguantar- había dicho Eva esa última noche en mi tan adoradísima ciudad, después de llorar hasta secarme, y ver cómo lentamente desaparecía objetos, modificaba memorias, ataba cabos sueltos, y en general, me borraba de la faz de la tierra. En ese momento comprendí que hubiera sido humanamente imposible encontrar rastro de Lex cuando intenté buscarlo. Tal vez hubiera encontrado algún cabo suelto, pero jamás hubiera podido terminar de atarlo.


Me había costado más de una noche hacerme a la idea, pero había logrado tomar en cuenta el concejo de Eva y no me iba tan mal.


Cosa buena número uno: No tenía ni la menor idea de qué era yo. Si antes me hubieran preguntado qué era, hubiera visto raro a la persona de los dilemas existenciales, y hubiera contestado “humana”. Si me lo preguntabas es ese momento me hubiera encogido de hombros. Se sentía extraño no saber sobre mí, pero me era irónico, gracioso, y le quitaba seriedad.


Cosa buena número dos: Tenía una idea clara de qué haría de mi vida. No sé qué era tan complicado de explicar para Lex y para Frank (que, después de todo sí era mi papá y también había pasado por lo mismo que yo). El punto de ser… lo ven? No sé que soy! De ser yo, digamos, era hacer que las cosas pasen. Como suena. Sientes “la cosa”, que en mí era el hormigueo en las manos, cuando tienes que estar en algún lugar haciendo algo, te llega la epifanía de dónde es y simplemente te paras ahí y observas. Hay un rollo medio extraño de fuerzas y atracción que no entendí, pero para los novatos se trata básicamente de eso. Y eso haré hasta que tenga un hijo y cumpla 16 (qué diversión).


Cosa buena número tres: No te tienes que preocupar por arreglarte. Siempre te ves bien ya sea porque tú quieres o porque Eva cuida tu aspecto hasta que aprendas a hacerlo tú. Mis uñas siempre están impecables, hasta que las muerdo, y vuelven a quedar lindas, y las vuelvo a morder, y vuelven a quedar lindas, y así.


Cosa buena número cuatro (y que no había pasado aún): Estaba cerca de Lex. Eva había dicho que tarde o temprano nuestras epifanías de lugar serían iguales y coincidiríamos en algún evento, y que si por ella fuera lo hubiera llamado desde que le conté mi triste historia, pero Lex era del otro bando… en el buen sentido. Había dos grupitos: los que hacían que pasaran cosas buenas cuando se paraban en algún lugar, y que teníamos a Eva cuidándonos, y los que hacían que pasaran cosas malas y tenían a Maurice.


Eso de cosas buenas y malas era subjetivo, y tu grupo más bien dependía de con quién te tocara en un inicio. Más bien era la explicación de nivel niño de kínder que Eva me había dado para entender.


Después de una semana, el cambio no parecía tan malo como en un principio, y estaba comenzando a acostumbrarme a todo.






Abrí los ojos para comprobar que estaba justo donde quería. Eso de fingir epifanías para ir a donde quisiera se estaba haciendo bastante fácil. Comprobé que el pasto no estuviera húmedo antes de sentarme; la costumbre de mi vida anterior aún no se había borrado. Me senté con las piernas cruzadas y me puse los audífonos para esperar a que tuviera algo que hacer. Mi ipod había sido la única cosa que había logrado rescatar del olvido total, con la escusa de que sin música enloquecería más rápido que con ella, así que Eva me consintió y me dejó quedarme con él.


El sol se reflejaba en las olitas del lago que tenía a unos cuantos pasos de mí, y no se podía escuchar ni un solo sonido que no fuera el aire pasando entre los árboles a kilómetros de distancia. De vez en cuando alguna mancha blanca rondaba el lago; eran patos, pero por el asunto del tiempo extraño, volaban hacia atrás, hacia adelante, exageradamente rápido, exageradamente lento, o muy de vez en cuando a una velocidad decente. No tenían chiste si se veían como plastas, así que simplemente los ignoré. Frente a mí, y bastante a lo lejos, salía del lago la base de una montaña que más bien tenía altura de cerro, y que lucía un color verde bastante llamativo. El agua más o menos tranquila reflejaba la montaña de cabeza y una copia exacta del cielo semi-despejado, que de vez en cuando hacía como que quería ocultar al sol.


No tenía ni la menor idea de dónde estaba (aunque estaba casi segura de que era algún lugar de Irlanda), pero el compromiso de una pareja cursi me había traído aquí en una epifanía y el lugar me había gustado demasiado. No había gente, y por lo tanto, y sin contar a los patos, no había manchas móviles que ignorar. Estaba en un lago hermoso, más lejos de lo que pude haber soñado llegar antes de que Frank hiciera su entrada triunfal a mi vida. Y simplemente era un lugar que desbordaba tranquilidad, que complementada con la canción que escuchaba, hacía que me dieran unas ganas casi incontrolables de construir una cabaña ahí y vivir una vida feliz con tres perros gigantes y muy peludos, lejos de la civilización. Pero eso tendría que esperar.


Cerré los ojos y respiré profundo, consciente de que estaba siguiendo el estereotipo de película al hacerlo, pero tranquila de que nadie podía verme hacerlo y burlarse de mí. Además, por algo lo hacían en las películas. Era tan… relajante.


Me quedé un buen rato sentada así; las piernas hacia adelante y las manos recargadas sobre el pasto, soportando mi espalda; con la cara al cielo y respirando tranquilidad pura y libre de smog.


Mis manos fueron las que me despertaron de mi trance de meditación y contacto con la naturaleza, con nada más y nada menos que con el anuncio de epifanía que en otra circunstancia hubiera tomado como alergia al pasto. El hormigueo en las manos antes, durante y después de las epifanías definitivamente era una de las cosas que me iba a tardar en asimilar. Pausé la música, enredé a mis queridísimos y leales audífonos de color verde chillante alrededor del ipod y me lo metí al bolsillo de los jeans, esperando a que llegara el momento de irme de mi rincón de retiro espiritual, y un tanto ansiosa por ver qué pasaría en esa ocasión. La epifanía o esa cosa extraña que mareaba y te dejaba la sensación de saber a dónde ir, que en realidad tenía un nombre que no recordaba, (y que dudaba que estuviera el algún idioma no muerto), no tardó en llegar. Me concentré como Eva me había enseñado, mi visión se fue un momento, y aparecí en otro lugar, infinitamente menos tranquilo. A juzgar por el idioma en el que gritaba la gente, lleno de g’s y sonidos que en la vida podría producir con mi modesto set de cuerdas vocales, deduje que estaba en alguna ciudad de Europa.


Si evitaba mirar frente a mí, el ambiente de la calle era pintoresco y agradable, con árboles de un verde brillante sobre las aceras que contrastaban con el azul del cielo y el color claro de los edificios. Pero si no ignoraba lo que estaba sucediendo, el ambiente era invariablemente de tragedia.


El piso superior de uno de los edificios de la calle, un hotel, estaba en llamas. De las ventanas salía un resplandor del color del fuego, y una columna de humo negro se alzaba varios metros hacia el cielo, como un anuncio de que hasta ese momento los bomberos no habían logrado hacer mucho. Gente en los pisos inferiores sacaba la cabeza por las ventanas esperando a ser rescatados, y mirando nerviosamente hacia el fuego, esperando que los sacaran de ahí a tiempo. Junto a mí, la gente que no había podido resistir al llamado de ir a estorbar, miraba hacia arriba cubriéndose la boca con ambas manos. Los menos sensibles que sólo habían ido a ver la razón del alboroto o a ver sangre, entornaban los ojos y tenían los brazos cruzados. Los miré a todos hasta memorizarlos, y regresé la vista hacia el fuego que lentamente consumía la construcción. El movimiento de la llamas era bastante idiotizante, pero no lo suficiente para ignorar los gritos que iban desde terror, hasta órdenes entre los bomberos para acabar con el asunto lo antes posible.


Un bombero joven y bastante fornido se acercó a la multitud junto a mí y los arreó hasta que logró alejarlos del lugar, gritándoles en el idioma europeo que no sabía hablar, y regresando con los otros una vez que terminó. A mí obviamente no me dijo nada. Ni siquiera podía verme y yo sí tenía que estar ahí, aunque aún no supiera para qué. Seguramente era por la parte de los rescates.


El lugar seguía siendo un caos, pero sin tanta la gente estorbando había mucho menos alboroto, y la mayoría de los que estaban ahí usaban uniforme, así que buscar caras conocidas y/o trajes negros se acababa de hacer más fácil. Dejé de mirar el incendio e ignoré a los uniformados que gritaban. Miré a mi derecha, girando poco a poco la cabeza para analizar a las personas cercanas y averiguar qué tantos (inserte nombre aquí) éramos en el lugar.


A unos cuantos metros de mí, había una mujer bastante joven, al parecer asiática, con vestido negro y un listón rojo en la cintura. –Katsumi.- murmuré. Era su nombre. Cada que alguien de nosotros veía a otro, su nombre nos llegaba a la mente en automático, y era con tanta fuerza que si no estaba concentrada en no hacerlo, lo acababa por decir en voz alta.


Katsumi desvió la mirada del edificio, y me miró, respondiendo con una mirada asesina a esa sensación de que te están viendo cuando alguno dice tu nombre. Pude ver que ella también murmuraba el mío. No me gusta discriminar a nadie, pero la verdad es que tengo un estereotipo de mujer asiática mucho menos bonita de lo que era ella; aunque estoy segura de que si hubiera al menos intentado sonreír, se hubiera visto mucho mejor. No aparentaba ser mucho más grande que yo y ya se estaba amargando la vida. Era triste, porque la mayoría de los que estaban con Maurice tenían ese aspecto, y el negro no los favorecía en lo más mínimo; al contrario, cualquiera podría jurar que acababan de salir de un funeral.


Katsumi me miró de pies a cabeza y regresó la mirada al edificio como si no valiera la pena gastar su tiempo mirándome. Mi alto grado de capacidad para hacer que insultos y desprecios se me resbalen me dio la paciencia para no darle importancia a su actitud, así que me limité a dejar de mirarla y seguir girando la cabeza para buscar gente, mientras en mi cabeza sonaban beeps de radar.


Casi a un lado del edificio había un hombre de piel oscura, vestido con el traje negro y la corbata roja que ya estaba empezando a ser familiar e ignorable. Su complexión de jugador de americano me recordó bastante a Jack, pero aparentaba tener más de 40 y su nombre obviamente no era el de mi amigo, ni nada que se le acercara a algo que conociera.


-Kibwe- murmuré sin poder controlarme otra vez. No tengo idea de cómo lo pronuncié bien, pero el hombre del nombre raro me miró también y me dirigió una sonrisa pequeña antes de regresar la mirada al edificio. Al parecer él no estaba tan amargado, o simplemente ya había aprendido a fingirlo. Seguí buscando gente pero no logré reconocer a nadie más; sólo era yo de los que podíamos vestir como persona normal y dos de Maurice.


Terminé de girar, y estaba en la maniobra de regresar la mirada hacia el edificio para seguir hipnotizándome con el movimiento del fuego, pero otro traje negro con corbata roja, medio oculto detrás de un auto, atrajo mi atención.


El cabello negro y los ojos azules se sintieron como mi propio pedazo de cielo en ese instante; el hecho de que fuera una cara conocida entre tantos extraños y asiáticas que te barren sin razón hizo que se sintiera aún mejor; pero ver a Lex en todo su esplendor, mirándome a mí y sólo a mí, definitivamente era la mejor parte… por mucho.


Me quedé paralizada de emoción, mirándolo y pensando que por fin, después de todo lo que había pasado, tendríamos una oportunidad de explicar y arreglar las cosas, y con algo de suerte con la que esperaba contar, reanudar lo que dejamos a medias.


Tenía ganas de brincar, de correr en círculos, de gritar “no puedo creerlo, eres tú!” como groopie enloquecida que se encuentra a su artista favorito en la calle, o lo que fuera, con tal de moverme de mi lugar. Respirando como pude, y con el corazón amenazando con salirse de mi pecho corrí hasta Lex, que aún no terminaba de creerse que estuviera ahí y no podía hacer más que mirarme con la boca medio abierta.


Cuando llegué hasta él, lo abracé con fuerza, y logré moverlo al menos un paso hacia atrás por la tacleada brutal que acabó siendo mi intento de abrazo. Lo apreté contra mí lo más fuerte que pude y me quedé ahí sin decir nada y con unas ganas casi incontenibles de llorar sin una razón lógica. Lex seguía confundido. MUY confundido. Me abrazó de regreso, pero no recargó su cabeza sobre la mía ni me apretó, ni dijo nada, ni nada. Pero no me importó. Sentirlo respirar junto a mí me fue más que suficiente, y estoy segura de que si hubiera reaccionado de alguna manera, la que fuera, muy seguramente me hubiera soltado a llorar y ni yo sabía por qué.


-Qué haces aquí?- Lex me separó del abrazo y miró nerviosamente alrededor, como asegurándose de que nadie nos viera juntos.


-De vacaciones- dije, desbordando sarcasmo. Me di cuenta que no era el momento para sarcasmos cuando la expresión de Lex siguió seria. –No. En realidad aún no sé. Supongo que van a salvar a alguien en un rato.- dije, para arreglar mi comentario fuera de lugar.


-También eres… eres una… -Levanté las cejas, evidentemente Lex tampoco sabía lo que éramos –Estás con Eva?


Asentí con la cabeza. Yo pensaba que él ya lo sabía. Lex desvió la mirada sin ver a nada en específico. Eso hacía cuando se concentraba o tenía alguna revelación importante, y no pude evitar sonreír al mirarlo y pensar que no tendría que esperar más para tener de vuelta todas esas pequeñas cosas que amaba de él.


-Por qué no me dijiste nada?- murmuró. Se veía decepcionado, y molesto conmigo. Y triste… muy triste.


-Porque yo tampoco sabía- dije poniendo mi mano sobre su mejilla. Lex volteó la cara y me bajó el brazo con una mano. Lo miré sin poder creer que no compartiera mi emoción por verlo de nuevo y se limitara a deprimirse otra vez y hacerse la vida miserable cuando no tenía por qué serlo. Tal vez Maurice también lo había amargado ya.


-Qué tienes?- No me gustaba pensar que había hecho algo mal. Después de todo yo también había sufrido sin él, y bastante. Les consta.


Lex negó con la cabeza –Hablamos en otro lugar cuando termines- dijo.


En ese momento sentí cómo el hormigueo de mis manos desapareció por completo, y me volví para ver que dos bomberos bajaban por las escaleras del camión, cada uno con una niña en los brazos. Qué épico y Hollywoodense.


-Ya terminé- dije, mirando a Lex de nuevo. Se veía un poco más tranquilo, pero gran parte de sus sentimientos que me hacían sentir culpable sin razón seguía ahí. Me hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera, pero lo detuve de un brazo antes de que comenzara a caminar.


-Conozco un lugar mejor- dije, con mi lago irlandés en mente. Lex se encogió de hombros y me tendió la mano.


 
 
 
Listoo :D hahaha ya saben... ultimo capítulo en linea pro aún falta mucha historia :D así que... comenten, déjenme su mail y sigan leyendo :D
 
Los quiero!!

5 comentarios:

Karen dijo...

Hey hey, en serio es necesario que diga que me mailees lo que siga?? x3 pense que estaba implicito :P haha ntc ;) ya nos esteremos viendo el 9! >.<

Montse dijo...

Haha oh cielos >.< el 9... no podemos saltar ese dia y seguir en vacacioens hasta nuevo aviso? xD hahahaha bno... crew k era obvio k tu estas en la lista xD pro esta bien :D te anoto

Anónimo dijo...

Yo quiero que me envíes la historia =) anótame en la lista =P… pankylu@hotmail.com
Ya me conoces ji. Beatriz Ramos Aguilar, ves =) Me gusta mucho tu historia !

Montse dijo...

Oh Bety!! haha no sabia k me leias (: haha grax! yo t anoto ;D

Anónimo dijo...

Yo quiero que me envies la historia!
ceyai20@gmail.com
Carolina Navarrete

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